Copa América Centenario: Argentina aplastó a Messi

Leo Messi, en el MetLife | Fotografía: Facebook AFA

Leo Messi, en el MetLife | Fotografía: Facebook AFA

No habrá más oportunidades. Leo Messi ya no buscará más revanchas con la camiseta albiceleste, cerrando un ciclo en el que una medalla de oro de los JJ. OO. y un Mundial Sub-20 es su botín, superior al de otras muchas estrellas de la historia del fútbol pero insuficiente desde cualquier prisma argentino. Con el adiós de Messi comienza también el desmantelamiento de la última gran generación del fútbol albiceleste, una camada de jugadores curtidos con los arañazos de la derrota de forma persistente, con una última herida abierta en EE. UU. cuya cicatriz será imposible de cerrar. 

Johan Cruyff le dio nombre a esa entelequia llamada entorno que en el Barcelona tiene una alta capacidad de autodestrucción, pero no ha sido en los aledaños del Camp Nou donde más se ha castigado a Messi, sino en su Argentina natal, comenzando por el mito: Diego Maradona. El Pelusa nunca vio en Messi a un líder y así se lo hizo saber a todo aquel que aún esté dispuesto a escucharlo. Sí vio en la Pulga a alguien con la capacidad para discutirle el trono de mejor futbolista argentino de la historia. Quizá por ello lo atacó en el inicio de la Copa América Centenario apelando a su liderazgo, o quizá también fuera ese el motivo por el que en Sudáfrica'10 no supo exprimir su potencial cuando era el seleccionador. 

Más allá de la sombra de Maradona, a Messi lo ha aplastado Argentina en su totalidad. Ha jugado contra los recuerdos de 1986 y contra la sequía de 23 años sin conquistar nada. Tuvo que luchar contra los fracasos de 2002, cuando la generación de Batistuta, Crespo, Ayala o Simeone se marchó por la puerta de atrás en fase de grupos. Son muchas las cuentas pendientes de Argentina con el fútbol y, al frente de una generación que en el Mundial Sub-20 de 2005 levantó admiración en Holanda, se esperaba que devolviera la gloria al país cuando, ya curtido, afrontó el Mundial en Brasil. 

Alemania volvió a ser verdugo y puso una losa más en la espalda de Argentina, aunque realmente lo hizo en la de Messi, que reafirmaba su compromiso con la selección torneo tras torneo. Falleció en esos días de 2014 Julio Grondona, capo absoluto del fútbol albiceleste y comenzó entonces un sindiós en la AFA que se extiende hasta el día de hoy, con elecciones fallidas, amenaza de escisión en la liga e intervención de la propia FIFA. Contra ellos clamó Messi en EE. UU. con la excusa de un vuelo retrasado que no es más que la gota que colma el vaso con una federación errática que ha perdido el rumbo por completo en este periodo y está comprometiendo mucho el futuro de la selección. En el momento de esas protestas, Argentina arrollaba en la Copa América Centenario y parecía en disposición de vengar las afrentas sufridas sólo un año antes frente a Chile, que había contribuido al martirio psicológico de Messi, Mascherano y compañía con la final de 2015. 

Esta vez sí, parecía todo dispuesto para que Argentina se sacudiera todo el peso de la historia ante Chile, que ya no tenía al amenazante Jorge Sampaoli, sino a Juan Antonio Pizzi. Y comenzó a fallar Higuaín una, dos, tres veces, reafirmándose como un delantero indigno de finales. Al mismo tiempo comenzaron a marcarle el terreno Vidal y compañía, un grupo histórico de perros de presa que defienden con ardor la camiseta roja chilena. El árbitro, un brasileño superado por las circunstancias, también perdió el control y convirtió la final en un campo de batalla en el que el espectáculo dejaba paso a la supervivencia. Mascherano asegura que no disfruta de los partidos, que los sufre hasta la agonía, y en Nueva Jersey ese sufrimiento se expresó en toda su magnitud cuando Messi tomó la responsabilidad desde los once metros, miró a la meta de su colega Bravo y envió el balón fuera. Por encima de la portería del MetLife se escapaban una vez más los sueños de un país enfermo de fútbol.

Era la cuarta final desperdiciada por la generación dorada argentina, volvían a preparar sus dardos los críticos del 10 y se escapaba la última gran oportunidad para que Messi consiguiera su primer título grande liderando a Argentina. Es imposible cerrar la herida con este escenario, pero sí es posible conseguir que no se haga más grande. Fue el momento de decir adiós y detener de una vez por todas el sufrimiento. Lionel Andrés Messi ha destruido a prácticamente todas las defensas de Europa, pero no ha podido regatear a Maradona, a Batistuta, a Ayala, a Simeone, a la Alemania más castigadora, a Higuaín ni a los rostros desilusionados de los argentinos que fueron a EE. UU. pensando que esta vez sí les tocaba a ellos campeonar. A Messi lo derrotó Argentina, el rival más poderoso al que nunca se enfrentó.

Ariel Ramírez: "Paraguay le ha perdido el respeto a cualquier selección"

Paraguay fue una de las más gratas sorpresas de la Copa América (Fotografía: APF)

Paraguay fue una de las más gratas sorpresas de la Copa América (Fotografía: APF)

El ranking FIFA del mes de julio señala que la selección de Paraguay ha sido una de las que más ha avanzado en todo el mundo, de la 85.ª posición a la 56.ª gracias a su buen hacer en la Copa América. El argentino Ramón Díaz se hizo cargo de la Albirroja para intentar recuperar el prestigio perdido en las últimas eliminatorias al Mundial de Brasil, y por lo visto en los estadios chilenos lo ha conseguido en un tiempo récord. Ariel Ramírez, editor de Deportes del diario paraguayo Última Hora, ensalza el fútbol de las últimas semanas y advierte de la dificultad que supondrá el relevo generacional de figuras como la de Santa Cruz.

El que parecía un año de transición terminó con un cuarto puesto en la Copa América. ¿Satisfacción o sensación de que se pudo haber soñado con algo más ante Perú?

Más que nada fue sorpresa, pues la opinión pública, prensa incluida, tenía poca fe de lo que podía hacer la selección paraguaya, que había perdido mucho crédito tras su último fracaso en las eliminatorias, que lo habían dejado sin Mundial.

Claro está, la historia cambió tras la remontada del 0-2 que terminó en 2-2 ante Argentina, en la que la selección mostró acaso su mejor momento, esos segundos 45 minutos de la primera fecha ante Argentina, sin olvidarnos del juego ante Brasil, en cuartos, que debió haber terminado con la victoria albirroja ya en tiempo normal; aunque Brasil, con un equipo muy disminuido no es parámetro para medir un verdadero nivel.

Ante Perú ya se llegó con una selección diezmada por lesiones y que se caía a pedazos en lo físico (deuda pendiente), mostrando acaso una cara que ya vimos en las últimas eliminatorias, lo que al final del torneo volvió a dejar muchas dudas en cuanto a lo colectivo, aunque si la confirmación de que algunas individualidades pueden llegar a tener verdadero nivel de selección con el correr de las eliminatorias.

La semifinal ante Argentina (6-1) quedó marcada por las lesiones de González y Santa Cruz antes de la media hora. ¿Llegó al límite físico y psicológico el equipo en aquel partido?

Creo que el planteamiento táctico fue también, además de las tempraneras lesiones, la detonante de la debacle. Gerardo Martino aprovecha el tremendo callejón que dejaban los volantes centrales, Cáceres y Ortiz, para meter pelotas a sus espaldas, con los laterales haciendo diagonales, metiéndose en el espacio entre la línea media y la defensa. Ramón Díaz jamás pudo tapar ese hueco.

Una vez más, fue Paraguay quien echó a Brasil de la Copa América. A un año vista del 1-7 contra Alemania, ¿se le ha perdido el respeto definitivamente a la Canarinha en Sudamérica?

Creo que Paraguay le ha perdido el respeto a cualquier selección, el problema es la limitante de calidad. El recambio no ha llegado del todo y los considerados históricos, quiérase o no, siguen siendo los de mayor jerarquía en el grupo. Como dije, existen individualidades que pintan a futuro, pero a los que todavía les falta mucho roce de selección.

Cuando fichó Ramón Díaz como seleccionador, ¿qué se esperaba de él y en qué le ha sorprendido?

No sé si sorprender es la palabra, pero al menos llegó un cuerpo técnico que por lo que ha ganado Ramón, puede tener ascendencia sobre el plantel. Se esperaba mucho de él, de hecho la Copa América se sabía que era un banco de prueba, lo que realmente importa son las eliminatorias

Una de las realidades que debe afrontar Paraguay es la avanzada edad de Villar, Santa Cruz y Haedo Valdez. ¿Hay líderes preparados para tomar la alternativa?

Es la pregunta que queda, y tiene una respuesta también acaso rápida: por ahora no existe o no se ve al líder que tenga que suplantar a los históricos que, sin ser peyorativos, están de salida, con el deber más que cumplido, pero en algún momento se dará su salida de la selección y con seguridad ya no llegarán a la cita de Rusia, en la creencia que se va a clasificar.

González es uno de los grandes descubrimientos en la Copa América, a pesar de que ya tuvo un buen año en el Basilea. ¿Lo ve listo para dar el salto a un club aún más grande, con aspiraciones europeas?

En realidad nosotros ya lo conocíamos, es figura de selección, en las juveniles ya había mostrado su talento. Tanto en el Olimpia como en la Champions, más que nada se dio su explosión y acaso podría ser uno de los líderes del equipo a futuro.

-Comienzan las eliminatorias sudamericanas más competidas de los últimos tiempos. ¿Por dónde pasan las posibilidades de que Paraguay esté presente en Rusia'18?

Por encontrar el recambio, por encontrar un plantel, por afianzar a los que vienen remando de atrás, y seguramente con la ayuda en la primera etapa de los históricos. Hoy creemos que Argentina, Chile, Colombia, Brasil (si cambia su equipo, aunque siempre es Brasil), acaso Ecuador pelearán los primeros puestos y la cuarta plaza. La repesca estará en juego entre Paraguay y Uruguay y las demás selecciones, acaso Perú.   

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Claudio Mauri: "Hay una cuota de crueldad cuando se juzga a Messi"

Messi, una vez más en el ojo del huracán (Fotografía: AFA)

Messi, una vez más en el ojo del huracán (Fotografía: AFA)

Pasan los días y la herida por la derrota de Argentina en la Copa América se encuentran aún lejos de cicatrizar. 22 años sin títulos son demasiados para una potencia como la Albiceleste, y el no haber derrotado a Chile pone aún más peso en una losa psicológica ya de por sí abultada. Claudio Mauri, redactor del diario argentino La Nación, repasa lo más destacado de un torneo en el que la gloria volvió a alejarse de Argentina en el último momento. 

Han pasado ya unos días para digerir la derrota. ¿En qué momento queda la relación Messi-Argentina después de caer nuevamente en la final?

Se vuelve a abrir una grieta en la relación que es injusta con Messi. Hay una cuota de crueldad cuando se lo juzga. Que se haya formado futbolísticamente en España y no haya jugado en la primera división de la Argentina crea un distanciamiento que mucha gente está dispuesta a tolerar si Messi por sí solo es capaz de darle un título a la Argentina.

¿Comparte las críticas a su figura?

Muchas son desmedidas, exageradas, arbitrarias. Más que marcarle algún error puntual, muchas veces se lo hace responsable de todo, especialmente cuando el equipo no convence. Messi es noble, sólo responde desde el campo, jamás saldría a fomentar una polémica pública con sus detractores. Creo que muchos se le animan a Messi porque se sienten dueños de la última palabra.

Este año Tévez ha vuelto a una selección plagada de atacantes. Contar con una delantera con Agüero, Messi, Tévez, Higuaín y Lavezzi es más un problema por acumulación que una solución?

En cuanto a la convivencia de egos, no fue un problema. La relación entre ellos durante la Copa América fue buena, cada uno ocupó su lugar y el que no jugó apoyó desde afuera. Fue más responsabilidad para Martino elegir al que mejor estuviera. En la final, por el planteo argentino y mérito de Chile, los atacantes no fueron abastecidos como se esperaba.

Siendo subcampeón del mundo y de América no habría que tocar excesivas teclas, pero no se puede evitar la sensación de que a Argentina le falta algo. ¿Qué es?

El desbloqueo mental y la confianza que da ganar un título. Más allá de cuestiones futbolísticas (Chile fue superior en la final, aunque las mejores situaciones de gol fueron de la Argentina), hay un peso psicológico, un trauma por los 22 años sin títulos. Que Mascherano, que venía de ganar el triplete con Barcelona, dijera que a lo mejor él fuera la causa por la que Argentina no gana nada refleja que mucho pasa por la cabeza. Quizá haya que pensar en el aporte de algún profesional de la psicología aplicada al deporte, algún coaching mental, crear algo interdisciplinario que trascienda el trabajo específico del cuerpo técnico.

Hubo mucho influjo argentino en la Copa América, con seis seleccionadores de doce posibles. ¿Cuál es el que más le ha sorprendido?

Sampaoli y Gareca. El primero coronó un trabajo que lleva tres años y Gareca tuvo un muy buen comienzo en Perú. Chile llevó la impronta del técnico argentino: un equipo dinámico, trabajado tácticamente, convencido para aprovechar un oportunidad histórica. Gareca consiguió rápidamente lo que define su carrera como técnico: un seleccionado equilibrado y competitivo.

La selección Sub 20 fue una de las grandes decepciones del pasado Mundial de Nueva Zelanda, aun teniendo figuras de relevancia. ¿Ve un problema generacional a medio plazo o la eliminación llegó por otras causas?

Lo del Mundial Sub 20 creo que pasó más por malos planteos que por escasez de individualidades. No soy pesimista sobre la renovación en el fútbol argentino, más allá de que es difícil hacer un pronóstico acertado sobre cómo evolucionarán muchos jóvenes. Pero hay juveniles muy prometedores: Rulli, Batalla, Kranevitter, Mammanna, Vietto, Dybala, Icardi, Correa, Carrillo. Siguen faltando laterales de garantía.

El siguiente paso serán las complicadas Eliminatorias sudamericanas, nuevamente con Brasil en ellas. ¿Quiénes sufrirán más para llegar a Rusia 2018?

Puede ser que las eliminatorias sudamericanas estén cada vez más igualadas, pero con cuatro cupos y medio clasificatorios sobre diez equipos, creo que las chances de las potencias no están seriamente amenazadas.

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