Que nada cambie

Fotografía: Chelsea FC

Fotografía: Chelsea FC

Siempre es complicado pasar página, más aún cuando los recuerdos son brillantes. En el mundo del fútbol es cada vez más habitual ver cómo la afición no quiere dejar que el pasado ni el olvido se coman a sus futbolistas predilectos, incluso aunque sus sucesores mejoren notablemente sus prestaciones. Sucede en el Atlético de Madrid, donde Radamel Falcao (y Mario Mandzukic a partir de esta temporada) sabía que podía competir con todos los grandes delanteros que han pasado por el Calderón, pero nunca con Fernando Torres. En São Paulo reciben con los brazos abiertos a Kaká aun sabiendo que en seis meses hará las maletas rumbo a Orlando para apurar sus últimos destellos de calidad y en el norte de Londres la afición del Arsenal aún se pregunta si realmente eran tan incompatibles Özil y Fàbregas como para no haberse replanteado un retorno del 'Capitán'. 

Esta eterna añoranza encierra cierto recelo a lo nuevo (más vale malo conocido...), y en el caso del Chelsea José Mourinho ha vuelto a apostar por uno de sus jugadores de confianza: Didier Drogba. El costamarfileño, de esfuerzo y rendimiento innegables, es uno de esos jugadores que tienen como padre deportivo al entrenador portugués, formando parte de un grupo en el que se incluyen figuras como Wesley Sneijder, Samuel Eto'o, Ricardo Carvalho o Marco Materazzi entre muchos otros. La confianza es un pilar fundamental para Mourinho en la confección de sus equipos, y es el principal motivo que explica el retorno de Drogba a Stamford Bridge, siendo también el vínculo con la afición 'blue' importante, aunque no decisivo.

Con esto, el Chelsea ha conseguido cambiarlo todo para que nada cambie. La morfología de su línea ofensiva responde al mismo patrón que la temporada pasada, teniendo en cuenta el hastío de Lukaku ante tanta cesión y su deseo de ser titular o buscar un nuevo y definitivo destino alejado de Londres. Samuel Eto'o no renovó su vínculo de una temporada y deja su lugar a Drogba, otro delantero africano, conocido a la perfección por Mourinho y afrontando la última etapa de su carrera profesional en la elite. Demba Ba, quien nunca convenció vestido de 'blue' a pesar de sus buenos años en el Hoffenheim y el Newcastle, hace las maletas y su puesto lo ocupa Diego Costa, que viene de realizar la temporada de su vida y ha protagonizado un traspaso muy importante en lo económico y en cuanto a expectativas, lo que ya le supone un listón que solo podrá superar si roza la excelencia. El último integrante de la delantera, si nada cambia, seguirá siendo Fernando Torres, el único que sobreviviría de la temporada anterior. 

Los refuerzos que ha protagonizado esta temporada el Chelsea, con las llegadas de Courtois y Fàbregas entre otros, sitúan a los de Mourinho como unos claros aspirantes al título después de un primer año en el que teóricamente se sentaron las bases de un proyecto ganador. Teniendo en cuenta que el Manchester City se rearma consciente de la dificultad que supondrá retener el cetro, que el Liverpool ya se reconoce nuevamente en el espejo como un gigante y que el Manchester United amenaza con ser una gran revolución en la Premier League de la mano de un triunfante Louis van Gaal, queda por ver si este cambio de cromos -en la forma pero no en el fondo- resultará suficiente para que el Chelsea vuelva a proclamarse campeón de la Premier League.

Fotografía: Chelsea FC