La cultura de la derrota (XXXVII): Verano en Villa Park

Eric Black y el debutante Rushian Hepburn-Murphy | Fotografía: Aston Villa FC

Eric Black y el debutante Rushian Hepburn-Murphy | Fotografía: Aston Villa FC

Ya es verano en la mitad villan de Birmingham. Villa Park ha echado el cierre y no volverá a abrir sus puertas de acceso hasta el próximo mes de agosto, cuando el equipo local se enfrente a la dura realidad de jugar en Championship, lejos de la atención mediática permanente, en una compleja competición de 24 equipos en la que ninguno da su brazo a torcer y en la que el ascenso se consigue sólo si se sabe manejar los tiempos de una extenuante carrera de fondo. La lista de históricos allí empantanados -o incluso un escalón por debajo- es altísima. El Fondo Holte también se despide de la Premier League, y lo hizo dándole una vuelta de tuerca más a sus protestas ante un dueño que supuestamente está buscando comprador, pero del que realmente sólo se sabe que está al otro lado del océano, quién sabe si viendo los partidos. En esta ocasión, los hastiados aficionados del Aston Villa querían impactar con un mar de balones de playa en el minuto 74, aunque nuevamente el efecto se quedó a medias. La gran mayoría de balones y globos hicieron acto de presencia mucho antes, algunos se cayeron involuntariamente al campo y otros fueron lanzados por sus impacientes dueños. Más que protesta, la última performance del Fondo Holte fue una verbena. 

De los jugadores ya nadie quiere saber nada, no han sudado la camiseta y no merecen atención personalizada, salvo Bacuna y compañía, que siempre tienen su ración de abucheos preparada en cuanto tocan el balón. Por el camino se cruzó además un Newcastle agobiado en plena lucha por el descenso, pero de agobios no quieren saber nada en Birmingham, pues con sus once derrotas consecutivas ya han tenido bastante. No era el mejor ambiente para disputar un partido de fútbol, por mucho que para una de las partes involucradas fuera a vida o muerte, y así se reflejó sobre el césped. La falta de motivación de unos y los nervios aterrados del otro ofrecieron un espectáculo para olvidar. Bunn y Darlow, los dos porteros, pasaron más tiempo echando globos y balones de playa fuera del campo que abortando jugadas de peligro con los de reglamento. 

Rafa Benítez intentó en todo momento que sus jugadores no se desconectasen del partido. Por muy difícil que resulte concentrarse en primavera, al equipo del norte de Inglaterra aún le quedaban bastantes deberes por hacer mientras el resto está ya disfrutando de la cosecha, relajándose ante la tranquilidad de la permanencia o, como en el caso del Aston Villa, desconectando de todo antes de que en los próximos meses la realidad les regale una sonora bofetada. Un triunfo en Birmingham habría supuesto mucho oxígeno para el Newcastle, pero sólo Townsend en la banda derecha parecía consciente de ello, y eso que era el último en llegar al equipo de los once que saltaron al césped de Villa Park. 

Mientras Benítez tocaba teclas con cada sustitución buscando un poco más de mordiente para intentar desentrañar ese novedoso sistema de tres defensas que emplea el Aston Villa en las últimas semanas, Eric Black dejaba pasar el tiempo. Black es un técnico interino, tiene una plantilla desgastada física y psicológicamente y desayuna cada mañana leyendo en las páginas del Birmingham Mail quién será su sucesor en el banquillo. Por todo ello no se molestó en hacer ningún gesto a la afición cuando comenzó a lanzar balones de playa al campo de forma indiscriminada obligando al árbitro a parar temporalmente el partido; tampoco exigía presión a los titulares ni parecía que tuviera entre manos hacer cambio alguno para mejorar nada, pues no había nada que mejorar ni empeorar. Cuando el Aston Villa ha jugado mal ha perdido; y cuando lo ha hecho bien ha perdido con mayor dolor, como la semana anterior en Vicarage Road. La apatía de Black es comprensible, aunque en su breve legado sí habrá algún pequeño apunte positivo, lo que en el entorno autodestructivo del Villa puede considerarse una heroicidad.

Aunque el ambiente no fue en ningún momento saludable, Black ha aprovechado el descenso matemático para comenzar a apoyarse en los jugadores jóvenes que clamaban desde el equipo sub-21 por una oportunidad. Ya se vio anteriormente a Lyden y Toner volvió a ser uno de los más destacados, esta vez como carrilero zurdo puro, frenando al bullicioso Townsend. Como está saliendo bien esta apuesta por los jugadores que probablemente tendrán que enmendar la plana el año que viene en la segunda categoría, Eric Black pensó que era buen momento para presentar a otro nuevo producto de la cantera en sociedad. Fue Rushian Hepburn-Murphy, delantero que este verano se hará mayor de edad, el que debutó con la camiseta villan. Black no quiso que entrara para revolucionar el partido más mortecino de la temporada, ni para dar un toque de atención a ningún delantero. Lo hizo sólo para que Villa Park viera, ya en el minuto 90, que hay una cantera que está dispuesta a mejorar las cosas y a luchar por sus aplausos. Tendrá que ser el año que viene, pues el partido de los balones de playa terminó con el 0-0 inicial, un Newcastle con pie y medio en Championship y los tornos de Villa Park cerrados hasta que comience un nuevo episodio en la temporada 2016/17.

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