La cultura de la derrota (XXXVI): Los señalados

Eric Black, en el banquillo de Vicarage Road | Fotografía: Aston Villa FC

Eric Black, en el banquillo de Vicarage Road | Fotografía: Aston Villa FC

En la 36.ª jornada se vio por fin a un Aston Villa compitiendo a un nivel aceptable para los estándares de la Premier League. Lo hizo con el equipo ya condenado al descenso y después de diez derrotas consecutivas que han mellado el ánimo de todos excepto de una afición incansable que sigue desplazándose en masa para terminar de apurar la estancia en la élite de los villans. En Londres, ante el Watford de Quique Sánchez, el Aston Villa volvió a caer, pero lo hizo después de resistir hasta prácticamente el minuto 90 por delante en el marcador, toda una novedad en para el equipo de Eric Black, que se descompuso nuevamente por culpa de la falta de tensión en los minutos finales y de la expulsión de Cissokho

Black se puede permitir pocos experimentos con las herramientas que tiene, pero desde que tomó el relevo de Rémi Garde para poner punto final a la temporada ha intentado recuperar poco a poco a Grealish; ha dado protagonismo a Lyden, fino centrocampista que el año que viene podría tener mucho protagonismo en Villa Park, y en Londres le dio la alternativa a Kevin Toner. El central debutó como titular en una defensa de tres junto a Clark y Lescott en la que él, con el dorsal 46 a la espalda, ocupó el perfil izquierdo. Al central irlandés no le pesó la camiseta y tuvo un partido con bastantes aciertos, vigilando a Abdi y a Deeney en tareas defensivas y buscando rápidamente a Gana y Cissokho cuando recuperaba el balón. 

El partido de Toner, el gol de Clark a la salida de un córner -asistido por Westwood- y el gol tras jugada elaborada de Ayew fueron los rayos de sol que hicieron venirse arriba a los brummies desplazados hasta la capital de Inglaterra. Se oían sus cánticos por todo el estadio hasta que en el tiempo añadido de la primera mitad Abdi dio vida al Watford y en el de la segunda Deeney volvió a dar la puntilla al club que lo rechazó en sus años de juventud, repitiendo la historia de la primera vuelta. 

Con éste son ya once los partidos que han transcurrido desde la última vez que los villans cantaron victoria, y se espera que muchos jugadores terminen pagando los platos rotos del descenso. Los abucheos personalizados ya empiezan a ser marca de la casa y se volverán a escuchar la próxima semana desde las gradas de Villa Park. Agbonlahor, temporalmente suspendido tras volver a aparecer en los periódicos fumando -en esta ocasión gas de la risa- el mismo día en el que el equipo perdía la categoría, difícilmente volverá a gozar del favor de su afición; igual que Okore -quien pidió no volver a jugar, según palabras del entrenador-, Bacuna -reconoció que quiere volver a Holanda-, Richards o Lescott.

Los dos capitanes, veteranos ya entrados en la treintena, protagonizan polémicas de forma recurrente en las redes sociales, comportamiento que cabría esperarse de jóvenes que aún no están acostumbrados a semejante presión. En el caso de Lescott, toda la profesionalidad que demuestra en el terreno de juego -futbolísticamente lo da todo y su comportamiento es irreprochable- lo echa por tierra fuera de él, con sus inoportunas declaraciones o sus encontronazos públicos con exjugadores del club como Stan Collymore. A pesar de ser natural de Birmingham y haber asegurado por activa y por pasiva que quiere continuar en el Aston Villa, el aficionado ya le ha puesto la cruz y lo acusa de haber llegado para llevarse un buen sueldo y poco más. 

Sólo quedan dos jornadas para que se cierre el telón definitivamente en Villa Park y se diga adiós a la Premier League, y en el entorno de Bodymoor Heath esperan que en estos últimos instantes entre la élite tengan más protagonismo Grealish, Lyden o Toner que Lescott, Bacuna o Agbonlahor. Es el último deseo antes de decir adiós quién sabe por cuánto tiempo. 

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