La cultura de la derrota (XXXIV): El jugador del año

Jordan Ayew, en el partido ante el Manchester United | Fotografía: Aston Villa

Jordan Ayew, en el partido ante el Manchester United | Fotografía: Aston Villa

El Aston Villa ya es matemáticamente equipo de Championship. La derrota por la mínima en Old Trafford, también conocido como el Teatro de los Sueños, ha terminado por ser el punto final a la pesadilla de los villans, que ya se habían desentendido de la clasificación hace muchas semanas y no hacen más que enhebrar derrota tras derrota. 

Dadas las circunstancias, el anuncio entre semana de que se cancelaba la gala anual que el equipo organizaba para elegir a los jugadores más destacados del año apenas sorprendió a nadie, ya que no es momento para celebraciones en la mitad villan de Birmingham. Hubiera sido lógico que el premio recayera en Jordan Ayew o Idrissa Gana viendo que el resto de sus compañeros han tenido altos y bajos -sobre todo éstos- muy pronunciados durante la temporada. 

Con la pérdida de categoría se ha confirmado un duro varapalo para la institución de las Midlands, que la próxima temporada no disfrutará del lucrativo contrato televisivo que ha firmado la Premier League, lo que supone dejar de ingresar cien millones de libras la próxima temporada. Aunque la Premier tiene un sistema de compensación para ayudar económicamente a los equipos que descienden en sus primeros años en el Championship, éste sólo aporta 40 millones en el primer año, lo que supone que el club que dirige Randy Lerner dejará de percibir 60 millones de un plumazo. Esto tendrá su repercusión también en forma de puestos de trabajo, y son decenas los puestos que quedan amenazados después de consumarse la dolorosa noticia del descenso en las áreas de organización del día a día del Aston Villa.

El adiós se produjo lejos de casa pero con algunos fieles desplazados hasta Mánchester para ver cómo su equipo, con la segunda equipación amarilla, se despedía de la élite del fútbol inglés, una sensación que no tenían los villans desde que descendieron en 1987, cuando aún no existía la Premier League tal como hoy está concebida. Quien apuntilló a los visitantes fue Marcus Rashford, uno de los últimos jóvenes valores surgidos de la cantera del Manchester United, al que Louis van Gaal ha llegado a equiparar a otros canteranos ilustres que ha tenido bajo su mando como Xavi, Iniesta o Müller

El brazalete de capitán en esta fecha tan señalada de la historia negra del Aston Villa lo llevó Joleon Lescott, el miembro más débil de la línea defensiva que completaron Hutton, Clark y Cissokho. Richards, primer capitán del equipo, lo vio desde el banquillo sin inmutarse, como el resto de compañeros que tenía a su lado salvo Gestede, que salió de refresco para enviar un balón al larguero como única aproximación peligrosa a la portería de De Gea.

La semana del descenso oficial también vino con su carga habitual de cuitas particulares con los jugadores fuera del terreno de juego, y es que a Agbonlahor se le ha castigado con dos semanas de plan específico de preparación para recuperar, ya con la temporada a punto de terminar, la forma física que nunca lució en los últimos meses. La noticia fue recibida con una mezcla de pena e hilaridad entre los aficionados, que no reconocen al 11 con el que se convirtieron en inquilinos por derecho propio de la zona media-alta de la clasificación. 

Al término del partido quedó patente que los veteranos de la primera plantilla del Aston Villa tienen un serio problema de comunicación de cara al exterior, pues Joleon Lescott calificó el descenso frente a los micrófonos de la BBC como "un peso que nos quitamos de encima". Aunque intentó edulcorarlo diciendo que ahora podrían ofrecerle a la afición algunas buenas actuaciones, el daño ya estaba hecho para una afición sobre la que recaerá el peso de animar a un equipo histórico de Inglaterra en la segunda categoría. 

Sígueme en Twitter (@Agustin_Galan),  Facebook y Google+

La cultura de la derrota (I): La lista de lo prohibido
La cultura de la derrota (II): Alegría con austeridad
La cultura de la derrota (III): Cuando nadie te ve
La cultura de la derrota (IV): Britannia, territorio Pulis
La cultura de la derrota (V): Construir una identidad
La cultura de la derrota (VI): Un accidente de coche
La cultura de la derrota (VII): La sustitución pendiente
La cultura de la derrota (VIII): Adiós, Dick
La cultura de la derrota (IX): El falso todocampista
La cultura de la derrota (X): Recuerdos de grandeza
La cultura de la derrota (XI): Esperando a Rémi
La cultura de la derrota (XII): Prohibido hablar francés
La cultura de la derrota (XIII): Una temporada sin Amavi
La cultura de la derrota (XIV): La tumba de George Ramsay
La cultura de la derrota (XV): El equipo soñado
La cultura de la derrota (XVI): La vuelta del rebelde
La cultura de la derrota (XVII): Más allá del descenso
La cultura de la derrota (XVIII): La chispa adecuada
La cultura de la derrota (XIX): El sufrimiento de Richards
La cultura de la derrota (XX): Incendios multiplicados
La cultura de la derrota (XXI): Caretas fuera
La cultura de la derrota (XXII): Dos universos
La cultura de la derrota (XXIII): El mejor momento del año
La cultura de la derrota (XXIV): El amargo retorno de Agbonlahor
La cultura de la derrota (XXV): Palabra de veterano
La cultura de la derrota (XXVI): La palabra maldita
La cultura de la derrota (XXVII): Accidente tras accidente
La cultura de la derrota (XXVIII): Minuto 74
La cultura de la derrota (XXIX): La cuenta atrás
La cultura de la derrota (XXX): Dudas sobre todos
La cultura de la derrota (XXXI): Tiempo de cambios
La cultura de la derrota (XXXII): El circo de Villa Park
La cultura de la derrota (XXXIII): El concierto de Drake