La cultura de la derrota (XXXII): Fiesta completa

El King Power se entregó desde el primer minuto (Fotografía: Leicester City)

El King Power se entregó desde el primer minuto (Fotografía: Leicester City)

No ocurre siempre, pero de vez en cuando todo sale como estaba planificado, sin ningún imprevisto que altere la hoja de ruta establecida. El Leicester lleva dos semanas mereciendo salir del fondo de la clasificación de la Premier League, pero su mala dinámica anterior se lo impedía. Esta semana por fin aparecía la posibilidad de abandonar el farolillo rojo, y la situación acompañaba más que nunca. 

En el calendario aparecía reflejada la visita del Swansea el 18 de abril. Los galeses, con los deberes más que hechos, han protagonizado una temporada muy tranquila en la que han podido desarrollar la idea futbolística de Garry Monk, y llegaban sin necesidad de puntos al King Power. El hecho de jugar en casa suponía, además, un empujón anímico extra para una plantilla rodeada por el positivismo. Después de apretar los dientes para enmendar la plana, ahora los foxes reclamaban que la afición hiciera de su estadio una fortaleza. A cambio, ellos prometían dar una imagen alegre y un fútbol vivo que se hizo realidad desde el 3-4-3 dispuesto por Nigel Pearson

David Nugent se lesionó durante el calentamiento, lo que podría haber supuesto un golpe moral importante, pero donde antes la fortuna daba la espalda al Leicester, en esta ocasión le abre nuevas posibilidades. Junto a Vardy y Kramaric completaría el tridente ofensivo Leo Ulloa, que llevaba a rastras una sequía de nueve partidos, demasiados para un delantero centro. El argentino nunca ha rehuído la lucha con las defensas rivales ni los saltos para prolongar balones desde la defensa, lo que le supuso una pérdida de protagonismo en términos goleadores. Esta vez fue distinto, ya que tras peinar el envío en largo de Morgan encontró un pie amigo, el de su compañero Schlupp, que lo amortiguó devolviéndoselo de primeras. Nada más girarse disparó y celebró el 1-0 con Jon Saunders, el enlace del club con los jugadores, que seguramente soportó más de un lamento por tantos minutos sin anotar. 

Del Swansea no hubo noticias, la irrelevancia del partido se contagió a su juego, y se tardó bastante en ver una posesión verdaderamente peligrosa de los swans, lo que benefició a los locales, a gusto en el césped y también en la grada, donde la afición del King Power no dejó de cantar. El frío invierno -en todos los sentidos- había quedado atrás, y ya tocaba que las citas en el estadio fueran una fiesta. 

El Leicester aguantó durante todo el partido los intentos visitantes por empatar al menos, y terminó llegando un nuevo premio con el gol de Andy King. El one club man ganó protagonismo en la recta final de la temporada, y nadie mejor que él para certificar una victoria que garantizara un tiempo añadido sin sufrimiento ni uñas mordidas. Si alguien tenía que sacar a los foxes del farolillo rojo, quién mejor que una leyenda viva del club. 

Y como todo iba rodado, los demás resultados de la jornada también sonrieron al Leicester, que no sólo abandona la vigésima posición, sino también los puestos de descenso a Championship. Le toma el relevo el Burnley, que nunca consiguió despegarse de la zona peligrosa, pero eso no es materia de debate en las East Midlands, tierras que bastante han sufrido ya viendo la competición desde abajo durante tantos meses.