La cultura de la derrota (XXXII): El circo de Villa Park

Jordan Ayew, protestando una acción | Fotografía: Aston Villa FC

Jordan Ayew, protestando una acción | Fotografía: Aston Villa FC

En las instalaciones del Aston Villa se aprovechó el parón internacional del mes de marzo para concretar los detalles del finiquito de Rémi Garde. Sin los miembros de la junta directiva que apostaron por el exentrenador del Lyon, no tenía sentido su continuidad teniendo en cuenta que los jugadores no terminaron de comulgar con sus métodos y él tampoco creía en ellos desde un primer momento. Las promesas de estabilidad para poder iniciar un proyecto en común entre los villans y Garde se rompieron desde el momento en el que comenzó el mes de febrero sin ninguna cara nueva para fortalecer a una plantilla que, en ese momento, sí luchaba por sacar adelante los resultados y dar la cara. Desde entonces, y con la goleada del Liverpool por 0-6, todo fue a peor y la mejor solución para todos era la de poner fin a un periodo que, sorprendentemente, apenas ha contribuido a empeorar la imagen de Garde como técnico. 

La afición lo despidió con una carta colectiva en la que le hacían ver que eran conscientes de lo que había ocurrido, de que sus jugadores no lo ponían sobre todo en el rectángulo de juego y la directiva tampoco cumplía en los despachos. Uno de sus más inmediatos predecesores, Paul Lambert, también responsabiliza públicamente al grupo cada vez que tiene ocasión, al tiempo que destaca lo positivo que fue para él que rescindieran su contrato como técnico del Villa. En su país natal siguen llegándole propuestas laborales, y hasta el presidente del Lyon se une a su técnico, Bruno Genesio, cortejándolo para que abra una segunda etapa en la Ligue 1. 

Se fue Garde de Birmingham, donde ha quedado un páramo en el que cada uno hace la guerra por su cuenta, sin superiores a los que responder. El cuarto entrenador del Aston Villa para esta temporada será Eric Black, que llegó a principios de año procedente del Rotherham para ejercer como asistente de Garde. Black es sólo el enésimo parche de un proyecto deportivo que está por definirse, mientras en los periódicos de la región siguen apareciendo nombres de posibles candidatos de todo pelaje y condición, de David Moyes a Nigel Pearson pasando por Ruud Gullit, cuya carrera como técnico no pasa de excéntrica. 

En este guirigay los jugadores también van a la suya, y muchos ya escuchan ofertas de otros clubes. Algunos pecan de ingenuidad como Leandro Bacuna, que reconoció en una televisión holandesa que quiere salir de Birmingham para crecer como futbolista. Su futuro podría estar en la Eredivisie, pero seguro que no en Villa Park, pues la afición ya lo ha reconocido como el primer desertor y lo abucheó cada vez que entró en contacto con el balón en el duelo frente al Chelsea, el primero de la era Black. Mientras Bacuna se disparaba en el pie, Richards seguía generando incendios en las redes sociales. Hace unos meses buscaba una respuesta a las críticas -según él, injustificadas- que le regaló Ian Wright en la BBC, y en estas dos semanas sin competición ha insultado a un aficionado que tuvo a bien etiquetarlo en una foto en la que se le veía en una fiesta en Dubai. Tenía razón Wright cuando afirmó que el capitán estaba más atento a las polémicas externas que a lo que sucedía dentro del campo.

La disgustada afición villan, por su parte, retomó su protesta en el minuto 74 para protestar ante el rumbo que está tomando la institución. "Historia orgullosa, ¿qué futuro?" se leía en pequeñas pancartas de tamaño DIN-A4 (las pancartas grandes están fuertemente vigiladas y es más difícil introducirlas en el estadio). Esta protesta tuvo más éxito que la anterior en la que se pedía a los asistentes a Villa Park que se fueran del estadio, ya que los asientos vacíos son cada vez más, y ver las pancartas supuso un efecto mediático más potente que el goteo de fieles desencantados que se vio en la derrota frente al Everton. 

Mientras los problemas crecen como setas en los alrededores de Villa Park, la Premier League continúa, y el primer partido de Eric Black ante el Chelsea no supuso ninguna variación drástica respecto a lo visto en los estertores de la etapa Garde. La alineación fue similar a las recientes y la actuación también. Los blues, en esta ocasión de negro, desquiciaron a los villans como los demás y sumaron un contundente 0-4 en el que destacó el estreno goleador de Pato. Sí fue diferente la actitud de ciertos jugadores, definitivamente superados por la situación y fuera de sí, lo que derivó en tanganas frecuentes con los rivales y un número superior de tarjetas amarillas, algo por lo que no se había caracterizado el Aston Villa hasta el momento. Continúa la función del circo triste de Villa Park.

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