La cultura de la derrota (XXX): El currículum de Nugent

Nugent respiró aliviado tras la victoria (Fotografía: Leicester City)

Nugent respiró aliviado tras la victoria (Fotografía: Leicester City)

Es difícil que las cámaras capten a David Nugent durante un partido sin que éste esté sonriendo. Con 29 años, el delantero del Leicester disfruta del fútbol sin complicaciones, aunque esta temporada las cosas se han ido poniendo cada vez más oscuras a medida que pasaban las jornadas. Por primera vez en el curso 2014/15, en el entorno del Leicester comenzaba a hablarse sin tapujos de la posibilidad de descender, una posibilidad que ha cogido bastante cuerpo a base de sumar derrotas de forma persistente. 

Tan feo ha visto el panorama Nugent que tuvo que hacer un llamado público, aunque no a su propia afición, sino a sus compañeros. El 35 ya ha vivido dos descensos con Portsmouth y Burnley sin llegar a la treintena, y no quiere que en su currículum vitae aparezca una tercera pérdida de categoría -"nadie quiere eso en su CV", proclamó-. Lejos de caer en el olvido como una declaración mitad chanza, mitad declaración de intenciones, los más veteranos del equipo han recogido el guante y han urgido a los más jóvenes a no empezar sus carreras con un descenso. Dean Hammond -lesionado de gravedad- o Andy King han llevado la voz cantante en los días previos al encuentro frente al West Ham.

Mientras el regreso a la Championship se hace cada vez más factible, el Leicester tiene a diez jugadores con su futuro aún por resolver, entre ellos Cambiasso. El argentino, perro viejo, es uno de los más implicados en el proyecto actual del Leicester a pesar de la dificultad que ha supuesto para él su primera experiencia en la Premier League, y se niega a hablar sobre su futuro mientras la temporada esté aún en juego. El Cuchu quiso hablar sobre el césped antes que frente a los micrófonos, y a fe que lo hizo, inaugurando el marcador con una volea desde la frontal muy escasa en su repertorio histórico. Incluso a los 35 años puede sorprender un jugador que tiene veinte títulos en sus vitrinas pero juega como si estuviera vacía. 

El West Ham no fue un convidado de piedra. Durante gran parte del año ha sido el equipo revelación, y aunque su rendimiento actual dista mucho del de principios de temporada, los hammers saben hacer daño, y se repusieron del golpe. Kouyaté puso las tablas y dio una exhibición para asombro del King Power, que parecía resignado a no conseguir los tres puntos y tener que conformarse con uno o ninguno una vez más. 

Hubo nuevamente jugadas de mala suerte, el partido estuvo en el alambre hasta los minutos finales y muy fácilmente podría haber marcado el segundo el cuadro londinense, igual que pudo haberlo hecho el Leicester. Esta vez, la moneda cayó del lado local. En las vallas publicitarias aparecía un mensaje cada media hora felicitándole el cumpleaños al presidente, el señor Vichai, pero no fue este simpático detalle el que dibujó una sonrisa -presuntamente, ya que no acudió al partido- al magnate tailandés, sino el gol de Andy King cuando los noventa minutos ya agonizaban. Fue feo, tras una acumulación de jugadores en el área y con un último desvío de King con el pie, gesto que hizo al unísono Nigel Pearson desde el banquillo en una rara muestra de humanidad. Adrián no pudo detenerlo y, por fin, el King Power tuvo algo que celebrar. Habían pasado dos meses y una semana sin una victoria, casi tres en la Premier League, y se abre una puerta a la esperanza -también para el sonriente Nugent- cuando se entra en el rush final de la temporada.