La cultura de la derrota (XXVIII): Minuto 74

Rudy Gestede en un lance del partido | Fotografía: Aston Villa FC

Rudy Gestede en un lance del partido | Fotografía: Aston Villa FC

"No es un problema de deseo, sino de calidad". Rémi Garde no edulcora la realidad. El Aston Villa sigue encadenando derrotas y cada vez la imagen ofrecida sobre el césped es peor. A medida que avanza la temporada, los equipos suelen estar más rodados y tener los automatismos adquiridos a base de entrenamientos y competición. En el caso del Villa parece todo lo contrario: cuanto más compiten, menos se entienden entre sí los jugadores. Después del tormento al que los sometió el Liverpool llegó a Villa Park el hermano pobre de la ribera del Mersey, un Everton que ya en la primera vuelta destrozó sin contemplaciones la defensa villan en Goodison Park (0-4).

La principal novedad de cara a este encuentro no estuvo ni en el nuevo cambio de portero titular ni el regreso de la principal referencia ofensiva. Bunn agotó todo el crédito obtenido en los dos últimos partidos y vuelve a ser el turno para un Guzan que supo encajar con profesionalidad la suplencia y se ha ganado nuevamente el favor de Rémi Garde. En la otra punta del campo volvía a aparecer en un once Ayew, una vez cumplidos sus tres partidos de sanción tras agredir de forma infantil a Cresswell. Además, Garde completó los movimientos desde la pizarra con una defensa de cinco jugadores para intentar reducir los agujeros en la retaguardia. Todas estas medidas fueron infructuosas, pues en el quinto minuto de juego ya aparecía por delante en el marcador el Everton tras un gol de Funes Mori a balón parado. 

El protagonismo pasó entonces a la grada. Cada vez con más huecos azules en Villa Park a medida que se suman las desilusiones, los aficionados tenían preparada una protesta contra Randy Lerner, propietario eternamente ausente, y la directiva, con especial atención en Tom Fox, director deportivo. La idea que tenían los sufrientes villans era la de abandonar las gradas en el minuto 74 (el Aston Villa se fundó en 1874) para enviar así una poderosa imagen con las gradas vacías en señal de descontento. Esta medida tendrá lugar también en los dos próximos partidos que tengan lugar en Birmingham, y puede que en el futuro tenga un impacto visual superior al de su primer intento. 

Fueron muchos los que abandonaron sus asientos en ese minuto 74, pero nadie preveía que la desbandada fuera a comenzar un cuarto de hora antes, cuando en el minuto 60 Lukaku puso en el marcador el que en ese momento era el 0-3. Amenazaba con caer una nueva goleada sonrojante como la del Liverpool y la paciencia tiene un límite. La huida se produjo, pues, en dos tandas mientras Rémi Garde, dentro de su inmutable calma exterior, iba cambiando el rictus. Se aprecia en el rostro del francés una notable indignación con sus jugadores y con las altas esferas de un club que es grande de cara al exterior (campeón de Europa), pero en cuyas entrañas hay muchas reformas pendientes. 

Volvió a haber un gol del honor en la recta final, obra de Gestede, que también va reincorporándose poco a poco a medida que alcanza su forma física ideal, pero ni siquiera en los goles del honor encuentra la afición un solo motivo para aplaudir. Con cuatro defensas o con cinco, con el portero titular o suplente, con Agbonlahor o sin él, el Aston Villa es, cada vez más, carne de Championship, agujero del que nunca supieron salir otros históricos como Leeds United o Sheffield Wednesday. 

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