La cultura de la derrota (XXVIII): Conquistar a una afición

Duro y trabado partido en el King Power (Fotografía: Leicester City)

Duro y trabado partido en el King Power (Fotografía: Leicester City)

Diez días sin competición son muchos y dan para que el aficionado recapacite y tome un poco de distancia respecto al frenesí de la Premier League. El hincha fox ve a su equipo en lo más bajo de la clasificación desde hace ya varios meses, los resultados no llegan y el número de puntos no aumenta. Partidos ante equipos grandes se saldaron con una buena imagen pero con el mismo resultado final: derrota del Leicester. Llega la hora de exigir cuentas al equipo sobre el césped, hace falta algo más que actitud para salvar la categoría en la liga más prestigiosa del mundo. 

En esos diez días sin fútbol, los jugadores alabaron públicamente a su afición. El jugador número 12 es necesario y un abandono por su parte a estas alturas de competición podría suponer un golpe fatal para las aspiraciones del Leicester, que esta vez sí recibe a un rival directo en la lucha por el descenso, un Hull que se ha complicado la existencia teniendo plantilla para luchar por un lugar menos apurado en la tabla pero que se ve sistemáticamente en el fango. 

Para terminar con la excusa de la mala suerte a pesar del buen juego, el Leicester debe conseguir una portería a cero, una clean sheet, en el argot futbolístico inglés. Schwarzer ha sido titular en las últimas jornadas y, a pesar de todo el bagaje que tiene como portero de élite, no ha conseguido ni una sola vez terminar sin recibir goles. A esto se suma una nueva amenaza para el australiano: Kasper Schmeichel ya está recuperado de su fractura en la mano y está en la lista de convocados, esperando recuperar su lugar bajo palos. La presión ya se nota por todos lados en el King Power. 

Leicester y Hull ofrecen un partido feo, regañado y a cara de perro, con pocas ocasiones de gol, mucho balón surcando los cielos y numerosas faltas que cortaban el ritmo, antídoto infalible para minimizar a los jugadores creativos. La realización televisiva enfoca constantemente al entrenador, nuevamente analizando el panorama desde la grada; al presidente Vichai Srivaddhanaprabha, no siempre presente en los partidos del equipo; y a la afición, que bajo sus capas de abrigo dejaban ver rostros con la nariz arrugada, hoy no tocaba espectáculo sobre el césped, sino sufrimiento y nervios.

Noventa minutos de fricciones después, el Leicester consiguió su principal objetivo -mantener la portería a cero-, y dejó algunos detalles que el aficionado más curtido habrá sabido apreciar como síntomas de mejoría evidente. Más allá de que Schwarzer se fuera a su casa sin recoger el balón de las redes, quedó patente que en los partidos ante rivales directos los foxes saben manejarse con mayor tranquilidad. Esta vez fue el Hull el equipo desquiciado, el que se sumió en un carrusel de faltas que terminó con gran parte de su once amonestado y un expulsado -Huddlestone-. 

Además del saber estar sobre el césped, Schwarzer salvó una picardía de última hora. Sin Huth, atendido en la banda por una brecha, ni Morgan sobre el césped, el Hull sacó rápidamente una falta en la frontal del área de la que no se percataron los escasos zagueros allí presentes. El uruguayo Abel tuvo la oportunidad de asestar el golpe de gracia -posiblemente definitivo por las repercusiones que hubiera desencadenado-, pero Schwarzer se lanzó raudo a sus pies para quedarse con el balón. Respiró Leicester y con él, Nigel Pearson, que verá así contenidas mínimamente las críticas a su labor. 

Una vez conseguida la tan ansiada clean sheet llega la hora de exigir también a los delanteros, entre los que se cuenta un Kramaric al que parece habérsele evaporado toda la magia. Vardy, Ulloa y Nugent también tendrán a partir de ahora los focos puestos sobre ellos. De su olfato goleador depende firmar un año más entre los mejores de Inglaterra o no.