La cultura de la derrota (XXVII): El prisma correcto

Simpson y Morgan tuvieron una tarde ajetreada en el Etihad (Fotografía: Leicester City)

Simpson y Morgan tuvieron una tarde ajetreada en el Etihad (Fotografía: Leicester City)

Fue la misma sensación de siempre, el mismo destino cruel rechazando una y otra vez su empuje, la misma afición que vuelve sin saber si sentirse frustrada o satisfecha tras lo ofrecido por los suyos. El Leicester volvió a perder, sí; pero ésta fue una derrota que no conviene mirar desde el prisma simplificador de los cero puntos. Fue una derrota de la que sentirse orgulloso, en un partido bonus, como dice Nigel Pearson, en el que no cabe exigir nada a sus jugadores aunque éstos se empeñen en ofrecerlo todo, porfiando cada resultado, mereciendo más puntos, sufriendo mientras el descenso comienza a aparecer como una posibilidad real en el horizonte. 

Empatar en Goodison Park para un recién ascendido tiene que verse como algo positivo, sin importar bajo qué circunstancias llegue ese punto. Los pesos pesados del vestuario y el entrenador así lo entendieron y así lo defendieron públicamente, la lucha por cada punto es vital y en esa lucha encarnizada por conseguir una salvación que cada vez parece más milagrosa, la visita al Etihad llegaba en una fecha inconveniente para todos. Su entrenador ya ha repetido más de una vez que ponerse cara a cara contra los grandes es un premio a su ascenso de la temporada pasada, y que cuantos más bonus se crucen en un momento urgente como el actual, peor para los intereses de su equipo. Con la derrota se contaba, por lo que contra el Manchester City sólo quedaba reforzar la fe en el propio vestuario. 

Una vez encontrado el once tipo, con el que los jugadores se reconocen y se sienten cada vez más cómodos, es el turno de que aparezcan los automatismos que permitan construir una identidad de equipo. El Leicester está recorriendo este camino y, a falta de resultados que permitan una valoración tangible en la clasificación, flota en el ambiente la certeza de que está en la senda correcta. 

Esta temporada se tiene la sensación de que el Manchester City atraviesa una crisis, que es un equipo que, dados sus recursos, no muestra el fútbol que debería. La crisis del City ya la quisiera para sí mismo el Leicester, que juega en su misma competición, aunque a nadie se le escapa que ambos clubes pertenecen a mundos radicalmente opuestos. Los sky blues dispararon a puerta diez veces, por tan sólo dos de los foxes; el Leicester pudo reclamar algún que otro penalti en el área de Hart y en uno de sus tímidos acercamientos disparó al poste, mientras su rival lo intentaba de todas las formas posibles, disparaba desde cerca y desde lejos, forzaba al máximo a la defensa y Schwarzer tenía que hacer horas extra; el Leicester se fue con el marcador a cero y el Manchester City con dos tantos en su haber. Sin embargo, el triunfador moral fue el derrotado. La afición citizen presenció el encuentro de brazos cruzados, bostezando ante la poca inspiración de los suyos, mientras desde Leicester llegaron centenares de personas dispuestas a no abandonar a su equipo por mucho que el futuro pinte cada vez más negro. 

El partido bonus pasó, los jugadores tacharon este engorroso desplazamiento a Mánchester de sus calendarios y vuelven a afrontar la competición buscando transformar esas buenas vibraciones en goles, y que éstos a su vez lo hagan en puntos que permitan un objetivo aún hoy no descartable. Todo es cuestión de enfocarlo desde el prisma adecuado. Sus rivales directos no lo están haciendo mucho mejor, y eso, además de las constantes vitales que muestran los foxes sobre el campo, permiten mantener el ánimo de una afición que no quiere volver a la Championship.