La cultura de la derrota (XXVI): Vivos e irritados

La alegría de Cambiasso no fue completa (Fotografía: Leicester City)

La alegría de Cambiasso no fue completa (Fotografía: Leicester City)

Ha sido una constante durante toda la temporada. El fútbol desplegado por el Leicester está muy por encima de su representación en forma de puntos en la clasificación de la Premier League. Las declaraciones de jugadores y cuerpo técnico suelen versar sobre este tema de forma recurrente, aunque según pasan las jornadas el cómo empieza a ser menos importante que el qué, y en los deseos de todos los implicados está únicamente el sumar puntos. A priori, conseguir sacar un punto de Goodison Park era algo positivo para los foxes, pero lo que se vivió a las orillas del Mersey estuvo más cerca del desencanto que de la satisfacción. 

Caer eliminado en la FA Cup no hizo especial mella en el cuadro dirigido por Nigel Pearson, que repitió alineación respecto a la última jornada liguera frente al Arsenal y mantuvo su defensa de cinco delante de Mark Schwarzer. El estado de forma de Kramaric está comenzando a resultar ilusionante tras sus goles a los gunners y al Aston Villa y el momento que atraviesa el Everton parecía propicio para buscar algo más que un punto, último botín obtenido en su visita a Liverpool, cuando consiguieron profanar Anfield.

El Leicester se encontró enfrente un rival pusilánime, perdido en zona de nadie en la clasificación durante toda la temporada y sin alma. Roberto Martínez está teniendo una temporada bastante difícil de consolidación, y las grandes figuras no siempre muestran sus galones sobre el terreno de juego. Todo eso se percibió pronto en Goodison Park frente al último de la clasificación, que afrontó una primera mitad más que plácida en la que apenas sucedió nada salvo una persistente y molesta lluvia. 

A pesar de encontrarse esta versión desanimada de los toffees, el Leicester no mostró merecer mucho más, hasta el punto de terminar recibiendo el primer gol por parte de Naismith en un disparo desde media distancia que pasó entre Morgan y Huth dejando clavado a contrapié a Schwarzer. Llovía sobre mojado para los intereses de Nigel Pearson, ya acostumbrado a verse por detrás en el marcador sin mover un solo músculo facial. 

Esta vez, al contrario que las cuatro ocasiones anteriores, sí hubo una reacción perceptible por parte de los foxes, cansados de estar siempre por detrás en el marcador, y ésta llegó desde el banquillo. Entraron Nugent y Vardy para hacer compañía al solitario Kramaric y los resultados fueron inmediatos: asistencia de Vardy y empate de Nugent tras un mal rechace de Howard. Los ánimos del Everton y de su afición estaban tan ausentes que los hinchas desplazados desde Leicester tomaron las riendas de los cánticos e hicieron suyo Goodison Park. 

Jugaban con camiseta roja de visitante, pero el ambiente era muy parecido al del King Power, lo que percibieron los jugadores de inmediato. Insistiendo consiguieron seguir inquietando a Howard, y la recompensa llegó con un gol de Cambiasso, redimido así de su error frente al Crystal Palace. El asistente fue nuevamente Vardy, que reclamó con su fútbol agresivo y vertical una nueva oportunidad en el once titular. 

Con 1-2 en el marcador y Lukaku fallando toda ocasión de la que disponía, el Leicester comenzaba a prepararse para acoger tres nuevos puntos que darían más lustre a su registro después de tanto sinsabor, pero faltaba ese factor que tanto irrita a Nigel Pearson, la falta de contundencia defensiva. A pesar de tener a tres pretorianos -Morgan, Huth, Upson- como centrales, Schwarzer vio cómo Lukaku celebraba su tan ansiado gol en su octavo intento de la tarde, echando un jarro de agua fría que, con el paso de los días, debería de ser bien interpretado en Leicester. Un punto fuera de casa en plena lucha por la salvación es, en términos netos, un balance positivo, por mucho que las circunstancias en las que éste llegó hayan vuelto a ser nocivas para la moral de los foxes.