La cultura de la derrota (XXV): Señales confusas

Andrej Kramaric marcó su primer gol como fox (Fotografía: Leicester City)

Andrej Kramaric marcó su primer gol como fox (Fotografía: Leicester City)

Ir todos a una es una característica que se supone intrínseca a todo equipo en apuros. Los egos tienen que quedar por fuerza apartados a un lado y el colectivo es lo único que prima para conseguir la meta final (la salvación en el caso del Leicester). Después de las tres derrotas consecutivas en la Premier League, la división en el discurso parece ser lo único en lo que se está de acuerdo en el entorno de los foxes.

Sin apenas tiempo para respirar con una jornada entre semana, Nigel Pearson y Mark Schwarzer (uno de los últimos en llegar pero desde el primer momento voz autorizada en el vestuario por su veteranía) envían mensajes contradictorios a través de los medios de comunicación. En el horizonte aparecía el Arsenal, y aunque ambas figuras se pusieron de acuerdo en la importancia de lamerse las heridas tras la difícilmente asumible derrota contra el Crystal Palace, discreparon en todo lo demás. 

Para el técnico del Leicester, la visita a Londres para hacer frente a los gunners quitaba toda presión a sus jugadores por la dificultad inherente al propio partido, considerando cualquier punto extraído del Emirates -así como de cualquier cita contra los grandes- como un bonus que no debería de entrar en los planes. Para Schwarzer, sin embargo, la posibilidad de conseguir quitarle algo al Arsenal en su propia casa no era tan descabellado, consciente de la irregularidad que en ocasiones muestran los de Arsène Wenger

No quedaron ahí las diferencias públicas entre Pearson y Schwarzer. Mientras el portero australiano defendía el trabajo que la zaga y él mismo estaban llevando a cabo en los últimos partidos e invitaba a aumentar la efectividad de cara a puerta a los delanteros, el entrenador lo desautorizó desde el momento en el que se hizo público el once titular del Leicester. Una barrera de cinco defensas pasaría a guardar los dominios del portero, dejando claro el mensaje: lo primordial es bajar la persiana. Para ello, puso únicamente un punta sobre el césped, papel que en esta ocasión recayó en Kramaric

Con el partido en juego, Nigel Pearson vio desde el palco del Emirates cómo el partido seguía un curso parecido al de Mánchester, con un Arsenal muy enchufado desde el principio y un Leicester sin apenas capacidad de respuesta. Marcó Koscielny y marcó Walcott antes del descanso, y en ambos goles quedó la sensación de que la responsabilidad había sido de Schwarzer, un duro golpe para el meta y su discurso de puertas hacia fuera. 

El Leicester salió espoleado en la segunda mitad, buscando dar una imagen completamente distinta que alejara a su afición de la idea de que realmente poco quedaba por hacer. Apareció entonces la figura de Kramaric, que disputó su mejor partido desde que viste la camiseta fox, obligando a Mertesacker y Koscielny a esforzarse al máximo, así como a Ospina, que ofrece una mayor sensación de seguridad a la defensa gunner desde que ocupa el lugar antes reservado a Szczesny. Junto al delantero croata también era destacable la aportación de Mahrez, participativo e incisivo, muy en su línea.

Recortó distancias el Leicester por medio de Kramaric -primer gol en la Premier League- y en la recta final se desmelenó -ya en el banquillo- Nigel Pearson, quitando al central Morgan para dar entrada a Ulloa con diez minutos por jugarse. La falta de puntería de los visitantes y de tiempo hizo que el Arsenal no sufriera más de la cuenta por el resultado, aportando una nueva derrota al casillero del colista de la competición. El Leicester sigue hincando la rodilla ante rivales de todo pelaje y está por ver cuál es el rumbo a tomar, pues gran parte de la afición ahora mismo no sabe hacia dónde va este proyecto.