La cultura de la derrota (XXV): Palabra de veterano

Joleon Lescott celebra su gol al Norwich | Fotografía: Aston Villa FC

Joleon Lescott celebra su gol al Norwich | Fotografía: Aston Villa FC

A Joleon Lescott lo abuchearon desde las gradas en los primeros compases de la temporada. Después de pasar sin pena ni gloria por el West Brom, sus tardes de gloria con el Manchester City o el Everton quedan ya demasiado lejanas, y en Villa Park resultó sospechoso su fichaje, con su cuerpo lleno de molestias y sus 33 años como factor de preocupación. Todo esto no fue óbice para que fuera nombrado segundo capitán junto a Richards al poco de llegar a Birmingham, pero el fútbol de élite no perdona y la afición tiene memoria a corto plazo, por lo que uno de los primeros en ser abucheados en una de las peores temporadas de la historia del club fue precisamente él, sin que el hecho de haber nacido en la ciudad sirviera de atenuante. 

A Lescott no le dolió esto, consciente del mundo en el que vive desde hace ya mucho tiempo. La afición es soberana y acepta su veredicto como el veterano que es. Lo que verdaderamente le dio en el orgullo fue el rumor de que iba a ser uno de los nuevos refuerzos de LA Galaxy para la temporada 2016 de la MLS. Lescott podrá estar lejos de su mejor momento, pero no quiere ser recordado entre la afición villan por ser de los que salta del barco cuando amenaza con hundirse. 

Llegó el cierre del mercado de fichajes invernal y Lescott no se movió, como el resto de jugadores de la primera plantilla. Con Rémi Garde ha habido pocas dudas y el central zurdo siempre ha formado parte de su once inicial en liga, anotando incluso el gol de la victoria en el reciente partido ante el Crystal Palace en una jugada a balón parado. El segundo capitán ha reconvertido lo que eran críticas y dudas sobre su rendimiento en ovaciones constantes, pues lidera con autoridad la línea defensiva y cuando la situación se lo permite contribuye notablemente a engordar el escuálido bagaje de puntos del Aston Villa, y volvió a hacerlo frente al Norwich para que el equipo de su ciudad sumara su tercera victoria de la temporada. 

A falta de caras nuevas sobre el césped, a Villa Park no le queda más remedio que agarrarse a los emblemas actuales del club. Uno de ellos es Lescott, y respondió abriendo el marcador a la salida de un córner justo antes del descanso. Ya era hora de que fuese el Aston Villa anotara un gol que supusiera un golpe psicológico para el rival y no al revés. También se sumó a la fiesta un viejo roquero recuperado para la causa: Agbonlahor. El delantero reapareció como titular en la última jornada, y aunque se le ve sufrir físicamente para resistir los partidos, no ha dado un paso atrás en cuanto Rémi Garde lo ha necesitado. 

La sanción de Ayew de tres partidos y la lesión de Gestede en el muslo ha convertido a Gabby en indiscutible y la salida sin sentido de Rudd de su portería le dejó abierto un ángulo propicio para doblar la ventaja del Aston Villa y volver por sus fueros. En el fútbol se sostiene la teoría de que la clase es permanente, y con el olfato de los goleadores sucede lo mismo. En cuanto Rudd, portero del Norwich, se animó a salir fuera del área para cortar su ataque, Agbonlahor vio el ángulo del palo largo abriéndose más y más. Fue con un toque sutil con el que consiguió levantar y hacer gritar gol al Fondo Holte en una tarde lluviosa como pocas. Apenas lo celebró, consciente de que las carreras de más pueden pasarle factura en su momento actual, y aguantó esta vez los noventa minutos sin ser sustituido. 

Si el Aston Villa tiene alguna posibilidad de seguir siendo un equipo de Premier League tendrá que hacerlo aferrado a la pasión con la que jueguen sus veteranos. Lescott, como buen capitán, no abandona el barco, mientras Agbonlahor hace valer sus cientos de batallas en los estadios de Inglaterra para aportar un valor añadido al equipo. Rémi Garde tiene dos pretorianos dispuestos y una afición entregada que no quiere que la falta de fichajes lo desanime y termine haciendo las maletas antes de tiempo. Son los brotes verdes de una temporada durísima para el villan que desafía a las tormentas -naturales e institucionales- cada dos semanas en las gradas de Villa Park. 

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