La cultura de la derrota (XXIX): La cuenta atrás

Micah Richards, en la disputa por un balón | Fotografía: Aston Villa FC

Micah Richards, en la disputa por un balón | Fotografía: Aston Villa FC

Apenas ha comenzado el mes de marzo y ya se echan cuentas para adivinar la fecha en la que el Aston Villa será oficialmente equipo de Championship, segunda categoría del fútbol inglés. No hay más teclas que probar, ni jugadores a los que dar la oportunidad más allá de los jóvenes que llegan desde la cantera villan conscientes de que les ha tocado vivir una época dura. A Rémi Garde le indigna la falta de pasión que ponen sus jugadores en las jugadas a balón parado, pero hace tiempo que arrojó la toalla y raro es el momento en el que aparece de pie en la zona técnica; prefiere ver los partidos sentado, impasible, deshojando una margarita virtual pensando si merece la pena seguir en el club o abandonarlo tan pronto exista una posibilidad. 

Si ante el Everton la imagen fue tan mala que los propios jugadores boicotearon con su mala actuación la protesta organizada para el minuto 74, el calendario inminente no augura nada bueno para el Aston Villa. El Manchester City, aunque se ha descolgado ligeramente de la lucha por el título, sigue siendo un grande de la Premier League, misma consideración que se ha ganado este curso el Tottenham de Mauricio Pochettino. Sólo queda esperar que el trámite sea lo menos doloroso posible y pase rápido. 

Es cierto que en la primera vuelta, en el primer partido de Garde al frente del banquillo villan, el Manchester City se ahogó en Villa Park y no pudo pasar del empate a cero, pero los de Pellegrini ya se tomaron la revancha en la FA Cup con un rotundo 4-0 en el que fue el último partido de Guzan como titular hasta el de la pasada jornada. El estadounidense volvía a tener enfrente a los responsables que lo terminaron de condenar al banquillo, y dentro del drama colectivo, consiguió resarcirse siendo el jugador del Aston Villa más destacado durante los noventa minutos. Eso sí, el marcador volvió a repetirse y Guzan se llevó un segundo 4-0 ante los citizens

El Manchester City ganó por incomparecencia del rival. No hubo señales de vida más allá de las paradas de Guzan, que tuvo un intenso duelo con Agüero en el que el estadounidense se apuntó algunas atajadas de mérito y el argentino dos goles, uno de ellos sin siquiera rematar, pues el despeje de Richards le golpeó en la espinilla y se fue para dentro. Esta vez no fueron las jugadas a balón parado el talón de Aquiles del Villa, sino el fútbol en su totalidad. No hubo goles en la primera mitad porque el City no encontró el camino del gol, pero en la segunda cayeron uno tras otro de forma inevitable. Uno de Touré empujando el balón al fondo de las mallas, dos del Kun y uno para redondear la faena de Sterling instantes después de entrar en el partido. 

Esta vez sí agotó los tres cambios Rémi Garde, pero sin un propósito claro, ya que nadie fue capaz de generar un ataque mínimamente digno de mención. Ayew no ha vuelto a ser el mismo desde que afrontó su sanción de tres partidos, Adebayor está bastante lejos del nivel exigido en la Premier League y el centro del campo no se esfuerza ya por disimular su desidia. Gana, uno de los pocos que ha mantenido un nivel constante durante toda la temporada, fue absorbido por el dúo Touré-Fernandinho hasta el punto de quedarse inmóvil cuando le robaban un balón y recuperar la posesión andando. El senegalés sigue la senda de Rémi Garde y da señales de hartazgo, de querer que llegue el mes de junio mientras lamenta haber hecho caso a Didier Drogba. Fue el marfileño el que le recomendó el Aston Villa como un destino interesante para vivir su primera aventura en la Premier League, un consejo que con el tiempo se ha demostrado envenenado. 

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