La cultura de la derrota (XXIX): El retorno de Schmeichel

Kasper Schmeichel, de nuevo bajo los palos (Fotografía: Leicester City)

Kasper Schmeichel, de nuevo bajo los palos (Fotografía: Leicester City)

Las jerarquías se respetan en Leicester. Después de varios meses alejado de la competición, Kasper Schmeichel se recuperó de su fractura en un dedo y volvió a su puesto como titular después de haber entrado en la convocatoria frente al Hull. Enfrente venía el Tottenham, equipo que no llega a ser considerado un grande de la competición pero siempre es candidato a luchar por puestos europeos, podría ser un nuevo bonus en el camino fox de no ser porque el tiempo se agota y los puntos son urgentes. 

Una particularidad de este equipo es que deja un mejor poso en las derrotas que en los partidos en los que cosecha puntos. El 0-0 de la semana pasada en casa fue considerado como una oportunidad perdida en la que la falta de instinto ofensivo lastró mucho las opciones de victoria. Para solventar esto, Nigel Pearson quiso plantear el partido como un lobo vestido de cordero. Su 5-4-1 habitual estaba formado por tres delanteros, Ulloa en punta y Nugent y Vardy por las bandas. Con dos carrileros de largo alcance como De Laet y Schlupp, la premisa estaba clara: buscar asfixiar al Tottenham por todos los medios.

La visita a Londres se puso de cara para el Leicester pronto, pues en la primera jugada Hugo Lloris quedaba lesionado y tenía que dejar su puesto a Vorm, con mucho menos rodaje. Unido al hecho de que fueron los foxes quienes eliminaron al Tottenham en la FA Cup, la baja del meta francés era todo un quebradero de cabeza para Mauricio Pochettino.

Con lo que no contaba el Leicester, y mucho menos Schmeichel, era con el estado de gracia en el que se encuentra Harry Kane. En quince minutos ya había perforado tres veces el internacional inglés la meta rival, y sólo el juez de línea disminuyó la sangría al anular uno de sus goles por fuera de juego. Una vez más, Pearson miraba impasible desde la banda cómo sus jugadores habían sido enviados a la lona a las primeras de cambio. Las imágenes de un Robert Huth apesadumbrado después de desviar el disparo de Kane con el rostro y despistar a su portero en el 2-0 parecían premonitorias de que el partido había llegado a su final al poco de empezar.

Aun así, hubo reacción. La entereza con la que el colista recibe los golpes es digna de admiración, y con muchas dosis de garra y alguna menos de fútbol elaborado, consiguió volver a establecer la igualdad en el marcador. Vardy y Nugent son un tormento permanente para sus marcadores, y esta vez el balón parado se alió con los intereses visitantes, firmando Morgan el gol del empate provisional para volver a empezar un minipartido de cuarenta minutos.

Una vez conseguido lo más difícil, el Leicester siguió con su cupo de calamidades, que parece no tener fin. Esta vez los protagonistas fueron Nugent, autor de un penalti discutible que Kane no estaba por la labor de perdonar, y Jeff Schlupp, en el que rebotó un balón que había despejado Schmeichel en un mano a mano ante Eriksen. El Tottenham volvió a restaurar el orden anterior y el 4-2 postró definitivamente a un Leicester al que se le acaban las explicaciones racionales a sus constantes infortunios. 

A la desesperada, y sin tiempo para un nuevo milagro, Nugent embelleció aún más el marcador, y con un vibrante 4-3 en el marcador de White Hart Lane, la situación seguía siendo la misma después de noventa minutos, o incluso peor, con un partido menos en el calendario y la propiedad del último puesto de la clasificación prácticamente en exclusiva para los foxes. Volvió Schmeichel, pero es la estabilidad -y un poco de justicia poética- la que sería realmente bienvenida en el entorno del Leicester.