La cultura de la derrota (XXIV): Visitas incómodas

El empuje de Nugent no fue suficiente ante el Crystal Palace (Fotografía: Leicester City)

El empuje de Nugent no fue suficiente ante el Crystal Palace (Fotografía: Leicester City)

Se acabó el mercado invernal y con él una puerta a posibles excusas. Con los nuevos remiendos, cada equipo debe hacer frente a lo que queda de temporada e intentar lograr sus objetivos. Si las nuevas caras no funcionan, inevitablemente se pondrá el foco en el cuerpo técnico, origen principal de estas incorporaciones. El Leicester, en calidad de colista de la Premier League, tenía que mover ficha, y lo hizo por partida triple. A las ya conocidas altas de Schwarzer y Kramaric se unió a última hora Robert Huth, imponente torre de más de 1,90 metros que cambia las franjas rojiblancas del Stoke por el azul del Leicester. La fragilidad defensiva es uno de los puntos débiles de los foxes, y ahí Huth tendrá mucho que decir en el futuro, ya que frente al Crystal Palace no debutó.

Después de la dolorosa derrota ante el Manchester United, ver en el calendario que el siguiente partido se juega en casa y frente a un rival con mucho menos nombre resulta cuanto menos reconfortante, aunque ya lo advirtió entre semana Nigel Pearson a aquel que quisiera escucharlo. Hay visitas que no son lo que parecen, y la piel de cordero del Crystal Palace podía llevar a engaño. Efectivamente, el Crystal Palace es un equipo que no parece a simple vista temible, ni por estructura de club, ni por presupuesto, ni por calidad de los jugadores. De todos los equipos londinenses que pueblan la Premier League el Palace es el más pequeño, el primero en ser olvidado por los aficionados a la hora de enumerar los clubes de la gran urbe inglesa. 

Pero el entrenador del Leicester sabía por qué decía aquello. Alan Pardew cambió la esquizofrénica relación amor-odio que se traía con la afición del Newcastle por la tranquilidad del sur de Londres para conseguir el objetivo del club, que no es otro que terminar sin sufrimiento la temporada. Desde la comodidad de su 13.º puesto, los eagles visitaban el King Power de Leicester con el guion perfectamente elaborado, el del visitante que desquicia de forma natural a los de casa. 

Hubo revolución en el once titular fox para intentar evitar ser sorprendido en su propio estadio y para dejar claro que lo sucedido en Old Trafford era inaceptable. El centro del campo se vio modificado por completo, con la entrada de la dupla James-Cambiasso, y la llegada de Mahrez tras la Copa de África no podía ser más que una buena noticia par el Leicester. Konchesky y Nugent completaron las novedades para enfrentarse al Crystal Palace con un punto extra de agresividad para sacar la cabeza del pozo -la salvación se mantenía a tres puntos-. 

Durante gran parte del partido, el Leicester llevó la voz cantante. Presionaba, corría, empujaba y ponía a prueba los reflejos de Julián Speroni, portero argentino no suficientemente reconocido mediáticamente. A pesar de este dominio, el Crystal Palace dejaba únicamente una sensación: la de saber lo que estaba haciendo. Sabía a quién cubrir con más efectivos, sabía conjurar el peligro que llegaba desde las bandas y, sobre todo, sabía cuál era el camino hacia los tres puntos: el juego aéreo. Alan Pardew tiene un equipo más que curtido en lo físico, lo que en la lucha por objetivos modestos significa casi de forma automática una salvación asegurada, precisamente por su eficacia en partidos como éste. 

Tras una primera parte de acoso y derribo por parte de Mahrez y compañía, en la segunda mitad entró en escena Hangeland, prototipo de central del norte de Europa especializado en cabecear. Con el ya titular Schwarzer aún inédito, Hangeland bajó de las nubes un envío en un saque de esquina, dejándole el balón a Ledley para que rematara -también de cabeza- y pusiera el 0-1 en el marcador. El plan de Alan Pardew había salido perfecto, y la desesperación ya había comenzado a cundir entre los de Nigel Pearson, una vez más sin respuestas. 

Pudo haber empatado el Leicester, pero el pase de la muerte de Nugent a Cambiasso no lo pudo rematar de primeras el argentino, y cuando controló ya tenía a tres defensas encima quitándole la posesión. "¡Empújalo!", le gritó Nugent aún sin aliento tras una dura carrera por la banda. "Esto no es lo mío", pareció decir con su mirada de justificación el Cuchu, a muchos metros de distancia de su hábitat natural en la parcela ancha. Precisamente para compensar en el campo la ausencia de veneno de su ataque, Nigel Pearson dio entrada a Kramaric y a Vardy, y con tres delanteros -Ulloa mantuvo su lugar y Nugent se fue al banquillo- el partido murió entre ataques desesperados sin criterio. No pudo ser y la razón se puso del lado del entrenador local, al que nadie quiso advertir de que las visitas placenteras no se dan en la Premier League.