La cultura de la derrota (XXIV): El amargo retorno de Agbonlahor

Gabriel Agbonlahor frente al West Ham | Fotografía: Aston Villa FC

Gabriel Agbonlahor frente al West Ham | Fotografía: Aston Villa FC

Gabriel Agbonlahor es uno de los pocos jugadores que sirve de enlace entre la etapa más estable del Aston Villa y la actual. Junto a Charles N'Zogbia (apartado y entrenando con los jugadores del equipo sub-21) y Guzan (relegado a la suplencia en favor de Bunn) conoció tiempos mejores vestido de burdeos y azul, y quizá por ese pasado brillante aún está considerado como un jugador que puede aportar algo a un equipo que, aunque se hunde irremediablemente en el pozo de la Premier League, empieza a encadenar resultados favorables. 

Cuando Rémi Garde se hizo cargo del banquillo, Agbonlahor tenía una lesión de gemelo, y desde entonces -más de una decena de partidos después-, ha venido encadenando dolores de espalda con otras lesiones menores que lo han tenido más tiempo trabajando con los fisios que con el grupo, lo que le ha impedido mostrar sus facultades a su nuevo entrenador mientras éste le enseñaba nuevos conceptos a sus compañeros de ataque. 

Una vez dejados atrás esos percances físicos, aun luciendo un evidente estado de baja forma física, Rémi Garde cuenta con el 11, y le pidió públicamente lo que quiere que aporte: goles. En el caso de Agbonlahor el fin justifica los medios, y ante el West Ham aparecía él en punta de ataque junto a Ayew para intentar mantener la racha, una vez despedido el equipo de la FA Cup. La eliminatoria ante el Wycombe, más dura de lo esperado, no fue más que el preámbulo para una rotunda eliminación a manos del Manchester City, que en su segunda visita a Villa Park de la temporada no tuvo piedad y se marchó con un 0-4 que vuelve a extender las sombras sobre el ánimo villan

Con Ayew y Agbonlahor se esperaba una mayor presencia ofensiva, y así parecía hasta que el delantero ghanés, de trayectoria intachable hasta el momento, se despidió del partido antes del cuarto de hora tras agredir a Cresswell. Rémi Garde tenía que afrontar gran parte de un encuentro a domicilio con diez jugadores y un hombre en punta que no tiene ni ritmo de competición ni automatismos adquiridos con el resto de sus compañeros. El entrenador francés optó por el pragmatismo y desde entonces el Aston Villa dejó de dar señales de vida en ataque, pues lo único que importaba era replegarse en torno a Bunn y tratar de conseguir el 0-0. 

Ante la invitación a atacar constantemente, el West Ham aceptó el reto y empezó a cercar el área villan, en la que Richards, Lescott y compañía apenas daban abasto ante la movilidad de Antonio, la velocidad de Valencia o la calidad de Payet y Noble. El viaje a Londres se convirtió en un suplicio, y era inevitable que los hammers terminaran por adelantarse cuando Antonio superó a Bunn a punto de cumplirse la hora de juego. Kouyaté firmó el 2-0 definitivo y en las gradas los aficionados desplazados desde Birmingham hasta Londres mostraron bufandas en las que se pedía la salida inmediata de Randy Lerner. La paciencia parece haberse terminado definitivamente, y el hecho de que en el mercado invernal no haya llegado ningún jugador no ayudará a calmar las aguas. Rémi Garde tendrá que intentar el milagro con los mimbres que ya conoce de aquí en adelante con el agravante de la sanción a Ayew

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