La cultura de la derrota (XXIII): Tres porteros

Mark Schwarzer disputó su tercer partido con la camiseta del Leicester (Fotografía: Leicester City)

Mark Schwarzer disputó su tercer partido con la camiseta del Leicester (Fotografía: Leicester City)

Tener claro el camino a seguir parece una de las claves para salvarse de la quema en toda competición deportiva, aunque los resultados no siempre acompañen. Hasta la visita a Old Trafford, Nigel Pearson parecía convencido del suyo para evitar que el Leicester se hundiera, apostando por Kasper Schmeichel como primera opción en la portería y, tras la lesión del danés, por Ben Hamer, que había rendido notablemente bien, y añadiendo a la plantilla al veterano Mark Schwarzer para mantener una determinada calidad en los entrenamientos. 

Llegó una prueba difícil y todos estos principios se desvanecieron sin más. Schwarzer aparecía en la hoja de titulares para enfrentarse al Manchester United y Hamer volvía al banquillo. Los datos y las sensaciones respaldaban al inglés por delante del australiano, que ya tuvo sus primeros minutos en la FA Cup frente a Tottenham y Aston Villa, recibiendo tres goles. Su rival por ocupar la portería lucía un promedio de 0,9 goles por partido, que pareció no ser suficiente ante la batalla de la experiencia, ésta sí, ganada ampliamente por los 42 años de Schwarzer, que ya había jugado anteriormente en el Teatro de los Sueños con otras camisetas. Que tres porteros hayan defendido la portería de un equipo recién iniciado el mes de febrero indica dos cosas: mala suerte con las lesiones o improvisación desde el cuerpo técnico. En el caso del Leicester se da un poco de cada una.

La apuesta por la experiencia le duró bien poco al Leicester, que al descanso llegó vapuleado por un Manchester United que agradeció la endeblez de su rival para que sus delanteros reencontraran sensaciones. Robin van Persie y Radamel Falcao no tuvieron miramientos cuando se enfrentaron a Schwarzer, que tampoco contó con fortuna, ya que Morgan jugó una vez más en contra de los intereses de su equipo con un desafortunado tanto en propia meta. Los foxes habían sido noqueados y, peor aún, todavía quedaban 45 minutos por delante para que los de Louis van Gaal hicieran más sangre. 

El correctivo se quedó finalmente en esos tres goles, bajando considerablemente el ritmo en la segunda parte e incluso consiguiendo el Leicester el gol del honor en la recta final. Wasilewski consiguió que la ficha técnica quedara un poco más maquillada en los registros, pero la imagen dejada por el equipo fue una de las peores de toda la temporada. Resultaba complicado que los de Nigel Pearson fueran derrotados por marcadores abultados, y aunque un 3-1 en apariencia no lo es, sobre el césped hubo únicamente un equipo. 

La presencia del veterano Schwarzer opacó a Kramaric, que sigue siendo una de las principales boyas a las que debe sujetarse el equipo para asegurarse la permanencia esta temporada. El croata pasó inadvertido en su debut saliendo desde el banquillo y como titular no convenció a nadie de que debe corresponderle a él la etiqueta de salvador de este equipo. Cierto es que aún le falta vuelo en la alta competición y tendrá tiempo para confirmar todo lo bueno que de él se escribió de agosto a diciembre, pero ante una defensa en constante improvisación como la del United dejó pasar una buena oportunidad para haber ocupado titulares y reforzado la moral de la afición. 

Tras el nefasto viaje a Mánchester, la pelota queda en el tejado de Nigel Pearson. ¿Schwarzer o Hamer?