La cultura de la derrota (XXII): Un debut sin 'glamour'

Nigel Pearson y Andrej Kramaric (Fotografía: Leicester City)

Nigel Pearson y Andrej Kramaric (Fotografía: Leicester City)

El mercado de invierno abre una ventana a la esperanza para los equipos que pelean por no perder la categoría, y a él se ha agarrado el Leicester City, que madrugó para conseguir las altas de Mark Schwarzer y de Andrej Kramaric. Del veteranísimo portero australiano ya se sabe que llegó únicamente para aumentar la competitividad de los entrenamientos y evitar que Ben Hamer se duerma en los laureles -su rendimiento sigue estando por encima de la media del equipo-, siendo el de Kramaric el fichaje que está verdaderamente llamado a marcar la diferencia. 

El joven delantero, procedente del Rijeka, llegó a sonar para los más grandes clubes de Europa, suponiendo un caso similar al de Martin Ødegaard, aunque a menor escala. El hecho de que haya sido finalmente el Leicester el que haya conseguido el fichaje del croata ha ayudado a bajar el suflé mediático, hay que reconocerlo. Después de su llegada, su presentación y unos pocos entrenamientos con los foxes, llegó la hora de verlo en acción. La afición disfrutó por fin de sus primeros minutos frente al Stoke, en un partido que difícilmente será recordado a final de temporada más allá de por suponer su primera aparición con la camiseta azul. 

Los de Nigel Pearson llegaban a este encuentro en una buena dinámica, con siete puntos de nueve posibles y la posibilidad no sólo de salir del último puesto de la clasificación, sino también de la zona de descenso. La mala fortuna quiso que se cruzara en su camino un Stoke liderado por Bojan, que no es que esté en un buen momento, es que sabe lo que hace, y cuando un equipo se encuentra con esa confianza es difícil sacar fruto, por mucho que la afición del King Power pudiera ayudar. 

Como se preveía, el partido dejó pocas jugadas para los resúmenes televisivos, centrándose la realización en el banquillo, donde Kramaric esperaba su oportunidad. La expresión del joven de 23 años no parecía especialmente ilusionada ni motivada, su rictus era serio, en consonancia con el de sus compañeros de banquillo, entre los que sólo parecía sonreír de forma relajada Schwarzer, cosas de la veteranía. Dos carreras de Schlupp, una jugada franca desperdiciada por Knockaert y una muy buena defensa que anulaba al Stoke fueron protagonistas en los primeros 45 minutos. Hasta tal punto era flojo el espectáculo, que los asistentes al estadio comenzaron a buscar sus refrigerios en torno al 35. Sabían que la esperanza fox debutaría en la segunda mitad. 

Llegaron las primeras imágenes de Kramaric calentando, con el mismo rostro serio e imperturbable que antes, y por fin Nigel Pearson lo llamó desde el banquillo -parece que ha abandonado definitivamente el hábito de la grada-. Entonces se vio al delantero aplicándose expectorante en el pecho y sobre el labio superior. Estaba constipado, iba a debutar en un partido sin apenas focos y para colmo, Bojan reclamó su cuota de protagonismo adelantando al Stoke justo cuando se iba a producir la sustitución. La joven promesa del fútbol europeo no estaba teniendo su mejor día, y no parecía que fuera a mejorar: acatarrado, con toda la ropa térmica, la ilusión de una modesta afición puesta en él y media hora para remontar el partido. 

Tardó tres minutos en tocar su primer balón y probó fortuna con un disparo desde fuera del área, un bombón para Begovic, que se las supo arreglar sin excesivos sufrimientos, pertrechado a la perfección por Wollscheid, fichaje navideño del Stoke de rendimiento inmediato. El disparo de Kramaric fue fruto de la efervescencia, pues a partir de aquel momento se diluyó -el  Stoke supo gestionar su ventaja hasta el final- y el Leicester apenas daba señales de vida salvo por el voluntarismo de Knockaert, suplente que tiene que ganarse las habichuelas mientras Riyad Mahrez disputa la Copa de África. 

La oportunidad del Leicester de continuar su periplo soñado en la segunda vuelta se fue al traste, sigue anclado en la vigésima posición y el calendario indica al Manchester United como próximo rival, seguramente escocido aún por los cinco goles recibidos en la ida. Vuelven a ser días difíciles para los foxes, a los que se les van acabando las semanas, lo que no excluye que vuelvan a tener buenos días por delante, tanto ellos como Kramaric en particular. El futuro del fútbol croata tiene que ser mejor que la versión congestionada que apareció en el minuto 65 de un partido que nadie en el King Power quiere volver a recordar.