La cultura de la derrota (XXII): Dos universos

Wes Morgan y Jordan Ayew | Fotografía: Aston Villa FC

Wes Morgan y Jordan Ayew | Fotografía: Aston Villa FC

Leicester y Aston Villa no son tan diferentes entre sí, pero ahora mismo viven en dos realidades diferentes dentro de la misma liga. Para mantener la fe de sus sufridos aficionados, desde el vestuario del Villa se mantiene que si el Leicester consiguió firmar una de las remontadas más espectaculares desde el último puesto de la clasificación la temporada anterior y salvarse, ellos pueden convertirse en los héroes de la actual. Este argumento tiene trampa, pues el great escape que protagonizó el equipo de Nigel Pearson fue posible gracias a que la distancia con los puestos que dan la permanencia era menor en el periodo navideño de lo que lo ha sido para el Aston Villa, a cuya afición, por otra parte, es difícil de engañar. En Villa Park todos se están preparando para ver fútbol de Championship a partir de agosto. 

Ni siquiera el triunfo cosechado entre semana ante el Crystal Palace sirve para pintar de rosa el panorama, como pretenden los jugadores. Bacuna cree que el equipo puede subirse a la ola y comenzar a sumar puntos de forma permanente, pero en las gradas el veredicto está claro: la plantilla no da para más que para una alegría esporádica y los pretendidos fichajes siguen sin llegar. 

No llegan porque la actualidad de los villans está más en los despachos que sobre el césped, lejos de la influencia de Rémi Garde. La visita de Tom Fox a EE. UU. para visitar a Randy Lerner, el cada vez menos querido dueño del club, fue fructífera, y terminó con el nombramiento de Steve Hollis como presidente. Lejos de lo que el entorno deseaba, Hollis es un hombre más de negocios que de fútbol, por mucho que él se retrotraiga a su infancia animando al Manchester City de Mike Summerbee y alabe la mentalidad de Sir Alex Ferguson. Con un pasado reciente en la consultora KPMG, Hollis se ve reflejado en el carácter del actor Tom Cruise, recuerda sus sueños frustrados de convertirse en piloto de aviones y reconoce que no ha pasado mucho tiempo con sus hijos durante su infancia por culpa del trabajo. En definitiva: un tiburón de las finanzas cuya llegada ha sido aplaudida por los empresarios de Birmingham mientras la afición se pregunta si puede ser útil dada la deriva deportiva y la falta de inversión en refuerzos. 

Más que Hollis, al villan de pro le interesaba más la visita del Leicester, ese equipo que ha pasado de calabaza a carroza en apenas unos meses gracias a la labor de Nigel Pearson y a la relajada continuidad que le ha otorgado Claudio Ranieri. La importancia de las dinámicas se hizo patente, y los foxes se adelantaron con un tanto de Okazaki que supuso el primer gol encajado de Bunn en los dos partidos que lleva de Premier League. Garde siguió apostando por Kozak en punta, pero ya entrada la segunda mitad tuvo que tirar de Gestede para intentar superar a Schmeichel, y el beninés esta vez sí respondió a la exigencia, poniendo el 1-1 en el marcador, a la postre definitivo. 

Quizá tenía razón Bacuna cuando aseguraba que había que aprovechar el momento para ir poco a poco remando hasta encontrar la orilla de la permanencia, aún bastante lejana. Quizá el Leicester levantó un poco el pistón por aquello de la solidaridad entre iguales, recordando su reciente sufrimiento y queriendo aportar en la medida de lo posible a un nuevo great escape. Quizá Steve Hollis sea el presidente que el Aston Villa necesite para iniciar una nueva era de estabilidad dentro de las restricciones económicas que defiende Lerner. Quizá sean muchas suposiciones para una realidad verdaderamente dolorosa en Birmingham. 

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