La cultura de la derrota (XX): Reivindicarse en el templo

La imagen más relevante en el retorno del Leicester a la Premier (Fotografía: Leicester City)

La imagen más relevante en el retorno del Leicester a la Premier (Fotografía: Leicester City)

La vuelta a la competitividad del Leicester va a quedar inevitablemente en un segundo plano después de que se conociera tras el partido que enfrentó a los foxes con el Liverpool que Steven Gerrard abandonará el club de Anfield al terminar la presente temporada. Mientras los aficionados al fútbol de toda Europa lamentan la marcha de uno de los escasos one club man que quedan en activo, en Belvoir Drive se reanudaron los entrenamientos con la FA Cup en el horizonte y la sensación de que si 2014 no había terminado del todo mal, en 2015 el inicio ha sido más que esperanzador. 

Da igual quiénes sean los guardianes actuales del templo, que Anfield siempre será una plaza importante a conquistar para cualquier equipo, es un factor común a todos,  ya esa el Real Madrid campeón del mundo o el recién animado Leicester. Esa afición red entregada, ese túnel de vestuarios estrecho, esa placa antológica a la par que provocativa que recuerda a los jugadores que están precisamente allí encogen las voluntades más débiles y sacuden las mentes más ambiciosas. "This is Anfield, y por qué no se va a poder ganar aquí", debió de pensar Nigel Pearson viendo las últimas actuaciones de sus jugadores y la cuestionable solidez defensiva del rival. 

Las sensaciones son importantes a la hora de afrontar una tarea compleja, más aún cuando los reveses han sido mayores en número que las satisfacciones durante toda la temporada, y ver a Riyad Mahrez sonriendo después de intentar su primer disparo a puerta en el primer minuto era un buen augurio para la afición visitante, que también demostró que la red no es la única que no deja a su equipo solo. 

El gran protagonista del partido, no obstante, vestía de rojo y no de azul. Gerrard aprovechó dos penas máximas para castigar a su rival con un 2-0 que empinaba aún más la carretera. Dos penaltis discutidos desde la incredulidad por Wes Morgan y Danny Simpson, dos ocasiones en las que el capitán del Liverpool tomó el balón y engañó a Ben Hamer. Gerrard no festejó los goles, lo que durante el partido pudo interpretarse como la presencia de dudas en el propio jugador sobre si los penaltis habían sido tales. Horas más tardes se hizo público que en su cabeza no estaban Hamer ni el Leicester, estaba el punto final a una etapa gloriosa en el Liverpool. 

Dos bofetadas de una leyenda de la Premier League en el que es posiblemente el estadio más icónico del fútbol inglés en dura competencia con Old Trafford y Wembley pueden dejar noqueado a cualquiera. Nadie hubiera recriminado al Leicester que entregara las armas y pusiera su mente en el partido de la FA Cup del fin de semana. Con el Leicester que recibió hace escasas semanas en el King Power al propio Liverpool puede que hubiera pasado, pero no con la nueva versión navideña de los foxes, que ha comprendido que en las malas cuenta más la actitud que la aptitud, y a ello se pusieron, nuevamente liderados por Mahrez, que está alcanzando su pico de forma justo ahora que tiene que partir hacia Guinea Ecuatorial para defender los colores de Argelia en la CAN. 

La lesión de Daniel Drinkwater tampoco sirvió para hundir la moral de los hombres de Nigel Pearson. Su lugar lo ocupó David Nugent y con él llegaron los mejores minutos de fútbol en Anfield. Fue él el que consiguió recortar distancias tras una jugada que podría haber firmado el Bayern de Pep Guardiola. Pases al primer toque, desmarques, balón descolgado por alto por Vardy haciendo de pívot y volea inalcanzable para Mignolet. Como rearme moral no está mal pasar de ser el último clasificado de la Premier League a convertirse por unos segundos en un equipo de fantasía.

Con un Liverpool aún incrédulo ante lo que acababa de suceder, llegó rápidamente el segundo, esta vez a través de Jeff Schlupp, poderoso y voluntarioso ghanés que se quedó en tierra de nadie tras la frontal. Raheem Sterling, mucho más frágil físicamente que él, apenas pudo hacerle sombra mientras situaba el 2-2 en el marcador. La afición fox comenzó a apuntar al marcador con sus teléfonos móviles, capturando un momento para el recuerdo. Si la tendencia sigue como en las últimas fechas, en la 2015/16 podría haber una nueva visita a Anfield, que está comprensiblemente más pendiente del adiós de su capitán y símbolo que de la reivindicación del principal candidato al descenso de categoría.