La cultura de la derrota (XVI): La vuelta del rebelde

Jack Grealish (Fotografía: Aston Villa FC)

Jack Grealish (Fotografía: Aston Villa FC)

Jack Grealish es uno de esos niños maravilla que comienzan a dar sus primeros pasos en la Premier League. Se les reconoce por llevar el dorsal 40 o superior, su rostro adolescente y por haber aparecido en algún tabloide inglés diciendo que debutar en la selección absoluta de Inglaterra es un sueño, que está comprometido con su equipo -generalmente modestos de media tabla hacia abajo- y no piensan aún en un Manchester United o un Chelsea. El niño maravilla del Aston Villa, además, ha salido con cierto afán juerguista. 

A finales de la temporada pasada, cuando Tim Sherwood aún estaba al cargo, salieron a la luz fotos de Grealish inhalando gas de la risa, un divertimento tan estúpido como tóxico para la salud. Aquella fue la primera señal de que se estaba nuevamente ante el joven sin cabeza al que convenía encarrilar por la buena senda. Mucho más delicadas fueron sus imágenes completamente ebrio e inconsciente en la madrugada tinerfeña durante el verano,  pero se seguía teniendo confianza en el joven villain.

La paciencia terminó colmándose horas después de que el Aston Villa fuera apaleado por el Everton. Con el club inmerso en la que es probablemente la peor situación deportiva de su historia, Grealish volvió a ser carne de tabloide. No es ni el primer ni el último jugador en irse de fiesta tras una derrota de su equipo, pero si a la falta de tacto se le une además la estupidez de ponerse a cantar alegremente, resulta comprensible que el aficionado medio del Villa se sienta, además de dolido, estafado. 

Remi Garde tomó cartas en el asunto y apartó al joven díscolo, relegándolo a jugar con las categorías inferiores, en las que, por edad, aún debería estar (tiene sólo 20 años). Parece que Grealish por fin captó el mensaje y volvió a entrenar fuerte para ganarse la confianza del entrenador francés, que lo devolvió a la convocatoria en la visita del Arsenal a Villa Park. 

Antes de que terminara la primera mitad, Grealish ya había salido a calentar por la banda del estadio, pero el murmullo entre la afición apenas fue perceptible. En esos momentos, Giroud y Ramsey ya habían puesto el 0-2 en el marcador y el partido estaba visto para sentencia. Una semana más, el Aston Villa se encaminaba a una nueva derrota y a continuar con el dramático balance de seis puntos en 16 jornadas. 

Grealish volvió a pisar el césped de Villa Park, pero apenas resultó relevante para su gente ni para el devenir del partido, que bajó tanto de revoluciones que el Arsenal se permitió el lujo de verse superado en gran parte de apartados estadísticos sin ver comprometido su triunfo a domicilio. El túnel en Birmingham continúa completamente a oscuras, pero al menos el joven rebelde parece haber encontrado la manera de volver a subirse al carro. 

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