La cultura de la derrota (XVI): Ausencia de respuestas

Andy King, inadvertido en el King Power Stadium (Fotografía: Leicester City)

Andy King, inadvertido en el King Power Stadium (Fotografía: Leicester City)

Hay algo en la figura de Nigel Pearson, entrenador del Leicester, que descoloca. Su apariencia de sargento, su interés en seguir los partidos de su equipo desde la frialdad de las gradas y su puntual salida de tono ante un aficionado airado tras la derrota contra el Liverpool de hace dos jornadas lo han convertido en un personaje digno de ser escrutado. Cuando los reds remontaron al Leicester en su propia casa, un aficionado fox no aguantó más al ver a su equipo colista, y cargó verbalmente contra Pearson cuando lo tuvo cerca. No es algo infrecuente que los aficionados hagan saber sus opiniones a los técnicos que están puestos en entredicho a causa de los resultados, le pasó a Alan Pardew en el inicio de la temporada, le pasa a Arsène Wenger de forma automática en cuanto pierde o empata un partido y el turno le llegó al entrenador del Leicester hace diez días. A diferencia de sus dos compañeros de profesión, Pearson se puso al nivel del aficionado contestatario, y con su misma impertinencia verbal, le contestó. Dentro de la extremada corrección que se vive en el fútbol inglés (la federación llamó a capítulo a Pearson tras el incidente), esta particular rebelión ha contado con el apoyo soterrado de varios entrenadores de la Premier League, como así mismo reconoció el principal protagonista de la historia en una entrevista al Daily Telegraph. 

Nigel Pearson se define a sí mismo como un cisne, por aquello de la aparente tranquilidad reflejada en la parte del cuerpo que se aprecia fuera del agua y la actividad que hay bajo la misma. No considera el fútbol su vida, sino su trabajo, y en el camino del campo de entrenamiento a casa recurre a audiolibros en lugar de a la radio para hacer más ameno el viaje. Su trabajo ahora mismo está puesto en entredicho después de que el Leicester se haya acomodado en la última posición de la clasificación, sin tener en cuenta que de no ser por el propio Pearson, el Leicester probablemente no estaría hoy entre los veinte mejores equipos del fútbol británico.

Para poner las cosas un poco más difíciles, llegó el campeón al KIng Power Stadium. El Manchester City, después de haberse metido a última hora en los octavos de final de la Champions, aparecía como una gran amenaza, pero la realidad era menos amenazante de lo que podía preverse. Aunque el Leicester cuenta con la baja de su portero Kasper Schmeichel para varias semanas después de que se rompiera un metatarso, la papeleta de Ben Hamer, debutante en la Premier a sus 27 años, parecía incluso factible teniendo en cuenta que el Kun Agüero y Edin Dzeko estaban lesionados en el equipo de Manuel Pellegrini. Enfrente tuvo al joven Pozo, que ya suma dos partidos con el primer equipo de los citizens y hasta ahora no ha demostrado esas temibles referencias que se tienen de él tras su labor en la Academia del equipo de Manchester. 

Una vez más, los foxes volvieron a ser protagonistas en los primeros minutos. Con muchos cambios en cada alineación -incluso de sistema-, da la sensación que ninguna de las opciones que maneja Pearson es realmente competitiva, aunque las actuaciones de los partidos no son tan crueles como cabría esperar. La primera media hora del Leicester ante unos citizens entre distraídos y cansados fue agitada, pero sin ocasiones que comprometieran a Joe Hart

Igual que Liverpool y Aston Villa, el Manchester City sabía que a poco que apretara hurgaría en la fragilidad defensiva de su rival, y le bastó con un gol de Lampard para asegurar el triunfo. Por delante quedó una hora entera de fútbol ramplón en el que la mejor noticia fue que a Hamer no se le vino el mundo encima y dio señales de ser un portero solvente. Pearson, lejos de querer conformarse con esto -"hizo una buena parada, pero es algo con lo que yo ya contaba", dijo en rueda de prensa-, conminó urgentemente a su equipo a mostrar una respuesta que haga que vuelva la ilusión a su afición. El técnico no quiere volver a vivir episodios tan desagradables con la verborrea de según qué aficionados, quizá para no tener que volver a contestar y poder disfrutar de la tranquilidad de sus audiolibros camino a casa, donde desconecta del trabajo que otros consideran vida.