La cultura de la derrota (XV): Una frustración recurrente

Konchesky dejó al Leicester con diez jugadores tras enfrentarse a Hutton. (Fotografía: Leicester City)

Konchesky dejó al Leicester con diez jugadores tras enfrentarse a Hutton. (Fotografía: Leicester City)

No hay propósito de enmienda ni nada que se le parezca en el horizonte. El Leicester City sigue sin demostrar capacidad para aspirar a algo más que al último puesto de la Premier League, y lo volvió a demostrar frente a un Aston Villa caracterizado por no tener absolutamente nada de extraordinario. 

Las hazañas de Wes Morgan en el anterior partido ya quedaron expuestas en el post anterior, y en Birmingham le tocaba el turno al joven Liam Moore. De Laet tampoco apareció en el once titular de Nigel Pearson, dejando su lugar a Danny Simpson. Así pues, Villa Park recibiría al 50 % de la defensa del colista reestructurada para intentar evitar nuevos episodios bochornosos. 

Todo parecía ir sobre ruedas cuando Leo Ulloa consiguió romper su particular sequía ante la portería contraria. Una vez más, los foxes se habían adelantado en el marcador frente a un Aston Villa que aún no había hecho acto de presencia en el partido, repleto de jugadores sin especial relevancia en la competición a excepción de Benteke, delantero con cartel por encima de sus cualidades, y Agbonlahor, emblema villain y último exponente de aquel equipo que peleaba con dignidad entre la nobleza de la Premier League hace menos de diez años. 

La tranquila noche se volvió tormentosa de repente, nuevamente propiciada por un grosero error defensivo que permitió a Ciaran Clark. En esta ocasión fueron cuatro los minutos que duró la alegría del Leicester. En su  marcaje falló, cómo no, Liam Moore, que dejó siempre un metro de distancia entre él y su jugador vigilado, que se encontró ante el gol de estrategia más sencillo que haya anotado el Aston Villa en los últimos tiempos. 

Una vez quedó claro que el Leicester volvía a ser un rival de plastilina, el Aston Villa comenzó a contemporizar. A poco que los de Paul Lambert hicieran bien los deberes, los tres puntos se quedarían en casa sin necesidad de una actuación destacable, como finalmente sucedió. Quizá dejó madurar el partido en exceso, ya que hasta el minuto 71 no consiguió culminar la remontada, y nuevamente gracias a un defensa -Alan Hutton-, que no encontró gran oposición en Kasper Schmeichel, otra vez alejado de los niveles de inspiración necesarios para asegurar puntos para la causa. 

Las dos mejores bazas del Leicester, Vardy y Ulloa, ya estaban fuera del partido. El argentino sufrió la rudeza de su rival en los últimos minutos de la primera mitad y terminó siendo sustituido en el descanso ante la recurrencia de su dolor; y Vardy tuvo que enfilar el banquillo poco después para evitar una expulsión antes del minuto noventa después de haber protagonizado alguna que otra patada a destiempo. Sus recambios, ordenados desde la grada, evidentemente no surtieron efecto y Paul Lambert sólo tuvo que observar desde el banquillo cómo se agotaba el tiempo para sumar una victoria clave para el objetivo de la permanencia del Aston Villa. 

Como apunte final, es justo destacar que Kasper Schmeichel empezó a hacer paradas dignas de mención, aunque no sirviera absolutamente para nada y quedara eclipsado por el enfrentamiento protagonizado por Konchesky y Hutton, que terminó con el lateral izquierdo expulsado con roja directa. Una semana más, Nigel Pearson tendrá que cambiar piezas en defensa, y así seguirá siendo hasta que dé con la clave para evitar hundirse antes de tiempo en el infierno de la clasificación de forma irreversible.