La cultura de la derrota (XIX): Propósitos de fin de año

Riyad Mahrez consiguió la primera victoria en tres meses. (Fotografía: Leicester City)

Riyad Mahrez consiguió la primera victoria en tres meses. (Fotografía: Leicester City)

Es una buena excusa tener el inicio del año nuevo a la vuelta de la esquina para abandonarse a sí mismo durante la última semana de diciembre y fiarlo todo a un reinicio espiritual cuando enero comience a descontar sus días del calendario. Esta máxima, aplicable a casi todos los aspectos de la vida -profesional y personal-, no tenía cabida para el Leicester. Suficientemente doloroso era mantener un registro de tres meses sin ganar. Desde septiembre, con la Premier League aún calentando motores, no sabían los foxes lo que era ganar. El recuerdo de los cinco goles al Manchester United quedaban tan lejanos que ni siquiera parecían propios de la actual temporada, por mucho que la plantilla fuera la misma que encadenó semanas y semanas sin conocer la victoria después de aquella gesta. 

Por ello, Nigel Pearson preparó a conciencia a sus jugadores para que aprovecharan la última jornada de 2014 para comenzar a hacer los deberes de 2015, que no serán pocos. Frente a ellos estaba el Hull, un equipo con posibilidades de aspirar a más que se ha visto, entre lesiones y bajo rendimiento de estrellas, peleando también por el descenso, aunque con algo más de brío que el Leicester. Los tres puntos eran, pues, innegociables si querían aspirar a seguir siendo un equipo de la máxima categoría, y los destellos dejados en el último partido liguero invitaban, si no al optimismo, sí al menos a abandonar el pesimismo que dejaron actuaciones verdaderamente esperpénticas en noviembre y diciembre.

Fue precisamente Riyad Mahrez, el hombre de fe que destacó en el último partido del Leicester, el encargado de firmar el único gol de una victoria. Su actuación no será guardada en vídeo de forma especial por ningún ojeador de los grandes de Europa, pero para Nigel Pearson fue suficiente ver cómo se enfrentó sin descanso a Liam Rosenior y cómo batió a Allan McGregor con su primer disparo entre los tres palos. Desde fuera del área, combado y al palo largo, el KC Stadium vio cómo se esfumaba para el Hull una victoria sencilla sobre el papel. Una decepción más para los tigers, oxígeno dorado para el Leicester. 

A medida que se fundían los plomos y las torres de iluminación del estadio del Hull empezaban a dejar de brillar, el Leicester supo hacer lo que muchos grandes no consiguen ni a tiros: gestionar una renta mínima en la recta final. No fue la batalla más encarnizada del fútbol inglés, pero cada equipo terminó con un jugador menos -Konchesky, sospechoso habitual; y Quinn, al intentar cortar un contraataque con la mano siendo último jugador-. La salida de Abel Hernández en la última media hora estresó lo justo a Hamer, que parece cada día más asentado bajo los palos. 

Con la confianza en sí mismos recuperada y el buen sabor de boca que deja una victoria para cerrar el telón, el Leicester ya prepara la segunda vuelta del campeonato. Nigel Pearson ha sobrevivido a una Navidad en la que han caído dos entrenadores -los de Crystal Palace y West Brom- y Ben Hamer parece dispuesto a pelear la titularidad al presumible nuevo portero que tendrá que aterrizar para compensar la baja por lesión de Kasper Schmeichel. Parece que 2015 no se presenta tan tormentoso para el último clasificado como para otros equipos que se ven inmersos en su misma batalla. Al final, todo fue cuestión de haber comenzado los propósitos de año nuevo justo antes de que terminara el que muere.