La cultura de la derrota (XIX): El sufrimiento de Richards

Micah Richards, vigilando a Dieumerci Mbokani | Fotografía: Aston Villa FC

Micah Richards, vigilando a Dieumerci Mbokani | Fotografía: Aston Villa FC

Algunos jugadores tienen un peso específico en un equipo sin necesidad de estar sobre el terreno de juego. Uno de ellos es Micah Richards, uno de los jugadores que más se han acercado al prototipo de Carles Puyol en términos de entrega sin límite y contundencia defensiva de la última década. Las lesiones han tenido apartado al central / lateral de Birmingham más tiempo de lo que él y el fútbol inglés hubieran deseado, hasta el punto de que su paso por la Fiorentina la temporada pasada no puede ser considerado más que como exótico. Luce sólo 13 internacionalidades con la absoluta de Inglaterra, pero eso no es óbice para que esté considerado como uno de los defensas más respetados de la Premier, lo que le ha permitido ganarse el brazalete de segundo capitán del Aston Villa nada más aterrizar. 

En tiempos de necesidad no hay momento para que ni Richards ni nadie tengan una aclimatación normal a un nuevo equipo, algo que es vital cuando hay muchas lesiones de por medio, por lo que el central tuvo que volver directamente al once titular nada más recibir el alta médica de su enésimo paso por la enfermería. Su retorno coincidió además con la jornada del 28 de diciembre, en la que muchos entrenadores optan por dar oxígeno a sus jugadores de referencia introduciendo las rotaciones que la tradición del Boxing Day les impide de cara a la galería. Así pues, el Aston Villa se presentó la casa del Norwich con dos centrales distintos a los del último partido: Richards, sustituyendo al lesionado Okore; y Clark, que tomó el relevo de Lescott.

También tocó el resto de líneas Remi Garde, que no pudo contar con Sánchez en el centro del campo y dejó en el banquillo a Gestede. Teniendo en cuenta que el delantero francés fue el mejor jugador de su equipo en la cosecha del último punto, la decisión no parece la más acertada. Por supuesto, los eternos revulsivos Gil y Adama comenzaron el partido con el chándal puesto y sentados en el frío banquillo visitante de Carrow Road. 

Durante varios minutos pareció que los villans mantenían las revoluciones de sus dos últimos partidos, protagonizando algunas jugadas de peligro en la portería rival, pero el castillo de naipes se vino abajo cuando Howson entró sin acompañante por la izquierda para cazar un balón peinado de Mbokani. Las sensaciones volvían a ser conocidas: 1-0 en contra y rostros de impotencia, esta vez sin afición que levantara a los jugadores. 

No tuvo una tarde plácida Richards, que no sólo tenía que coordinarse con Clark, sino batirse con Mbokani, uno de los pocos delanteros que en cuestión de corpulencia puede discutirle la primacía, y vigilar que las desatenciones de Hutton en el lateral derecho fueran corregidas. Intentó intimidar como en tiempos pasados saliendo con el balón jugado como un búfalo desde la última línea, meros brindis al sol que terminaban deslucidos al traspasar la divisoria y comprobar que no, que la medular del Aston Villa no se parece lo más mínimo a la del Manchester City que conoció. 

No le hizo ningún favor tampoco la demostración de poderío de Bassong en la defensa del Norwich, comiéndose a Ayew en cada pugna y despertando la ira del delantero del Villa, más fuera del partido a cada minuto que pasaba. Viendo la situación de bloqueo mental en la que volvía a caer el equipo, Remi Garde intentó en vano meter una marcha más a la recta final con Adama y Gestede

A última hora llegó la puntilla para el Aston Villa. Hutton se metió en una zona que no le correspondía y entregó el balón al rival. Richards tuvo que tapar la zona vigilando a Hoolahan sin dejar un vacío en el corazón del área, mientras Clark vigilaba a Mbokani. Los dos dejaron su labor a medio hacer y el mediapunta irlandés puso el balón entre ellos para que el delantero canary sentenciara con un cabezazo. Richards reaccionó cruzando sus manos por detrás de la espalda, contemplando el erial que ahora capitanea. Se acabó el sufrimiento, al menos hasta el año que viene. 

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