La cultura de la derrota (XIII): Un mal estudiante

Charlie Austin le dedica su gol a una aficionada fallecida. (Fotografía: QPR FC)

Charlie Austin le dedica su gol a una aficionada fallecida. (Fotografía: QPR FC)

Hay algo en el QPR que desconcierta e irrita a partes iguales. El equipo del oeste de Londres sabe que es capaz de vivir una temporada holgada en su retorno a la Premier League, tiene jugaodres para ello y un técnico con el suficiente conocimiento de la competición para que así sea. Sin embargo, por el motivo que sea, no quieren. Los R's se han especializado en vivir en el alambre, al filo del precipicio y parecen estar cómodos en tal coyuntura. Después de que el Burnley reviviera y ganara sus dos últimos partidos, el farolillo rojo fue a parar al QPR, pero tardó poco en salir de esta posición con una actuación solvente, aprovechando sus cualidades. 

Enfrente estaba el Leicester, otro recién ascendido que después de un buen inicio aún no le ha cogido el pulso a la liga. No es culpa de los foxes, ya que tienen menor experiencia en la élite que sus anfitriones este sábado, y tendrán que remar mucho más que el QPR para asegurarse una temporada más en la Premier League. El futuro del QPR es incierto, pero existe esa sensación de que, cuando quede poco tiempo, se pondrá a hacer los deberes y aprobará el examen final, como esos irritantes y malos estudiantes que no se ponen las pilas si no están obligados. 

Quién sabe qué hubiera pasado en Loftus Road de no haber conseguido Cambiasso apretar las tuercas al QPR con un gol tempranero. Rápidamente, los de Harry Redknapp se hicieron dueños del espacio y de la posesión y poco a poco comenzaron a cercar a Schmeichel, sin apenas sufrimiento en defensa. Caulker y Onuoha se bastaban para frenar a dos delanteros muy veloces -Vardy y Ulloa- que buscaban la sentencia al contraataque, dejando en el olvido a Dunne, ausente ayer, y Rio Ferdinand, que en la práctica se ha convertido en el cuarto central del QPR. Curiosa la situación del emblemático central inglés, ya que dado el torrente de bajas del Manchester United, parece que lo tendría más fácil para ser titular en su antiguo club -en puestos Champions- que en el actual -luchando por no descender-. 

El buen trabajo del QPR tuvo recompensa antes de que finalizara la primera parte. Cuando se ataca con constancia y determinación es más fácil que la suerte se ponga de su lado, y así ocurrió cuando el capitán rival, Morgan, se disfrazó de Dunne y marcó un gol a su propio portero. La resistencia de Nigel Pearson saltó por los aires, y a partir de ahí todo fue más sencillo para el QPR, dentro de la dificultad que supone enfrentarse a alguien tan necesitado como ellos mismos. Por si no fuera suficiente losa psicológica la del autogol de Morgan, Fer consiguió poner en ventaja a los londinenses justo en el minuto 45, lo que hizo aún más daño a su rival. 

Aunque los R's atacaban de forma constante no terminaban de enfocar bien la portería de Schmeichel, lo que permitió al Leicester mantenerse vivo en el partido, incluso llegando a marcar el gol del empate. Schlupp, extremo combativo y protagonista en defensa y en ataque, fue el que sacó un disparo lleno de rabia desde la frontal sorprendiendo a Green. Una vez más, el QPR se veía en una situación a la que ni siquiera se tendría que haber acercado de haberse mostrado menos difuso en ataque, pero aún quedaba por aparecer la estrella, uno de los pocos jugadores que demuestra una actitud 100 % comprometida desde el primer momento: Charlie Austin

Con el partido ya metiéndose en la recta final y la noche cerniéndose sobre Londres, Austin fue el que tuvo mayor clarividencia en una montonera en el área del Leicester para terminar decantando el marcador y dejar el 3-2 final. La euforia lo llevó hacia el fondo para celebrarlo con los aficionados, pero su cerebro rápidamente lo guió hasta el banquillo, donde tenía una camiseta esperándolo en caso de que anotara un gol. Austin dedicó la victoria a una aficionada fallecida recientemente, algo que muestra la implicación del delantero en un club en el que más a menudo de lo deseado pasan jugadores sin mostrar mayor implicación con un club que sí tiene historia y que sí tiene afición. Por fortuna para la afición de Loftus Road, les quedan tipos como Austin, que no han venido a figurar ni a pasar un año de transición, sino que pertenecen a la esencia del QPR. En él están puestas muchas esperanzas para que el sufrimiento no sea permanente en una temporada en la que se debería certificar la permanencia para quitar al club la etiqueta de 'ascensor'. Con los tres puntos y el empate del Burnley, vuelve a haber movimiento en la zona baja. Turno ahora para el Leicester.