La cultura de la derrota (XI): Evolucionar, aprender, progresar, ganar

Harper, en el momento de ser batido por Barnes. (Fotografía: Twitter Burnley FC)

Harper, en el momento de ser batido por Barnes. (Fotografía: Twitter Burnley FC)

Sean Dyche mostró poético en la rueda de prensa previa al partido que debía enfrentar a su equipo con el Burnley en Turf Moor. Los presagios de que los clarets eran carne de cañón en su retorno a la Premier League se estaban cumpliendo, y lo peor de todo es que sus propios jugadores daban la sensación de haberse convencido de que esta temporada no había nada que hacer, que el descenso era cuestión de tiempo. Diez partidos sin victoria alguna hicieron que el entrenador pusiera las cosas en perspectiva: "A veces tienes que estar en lo bajo del valle para apreciar las vistas desde lo alto de la montaña". Por mucho que el pesimismo inundara el centro de entrenamiento del Burnley, había que recordar que nadie les había regalado su posición en la Premier League, que habían llegado a la élite del fútbol inglés por pura meritocracia. 

Efectivamente, nadie le regaló al Burnley las 26 victorias con las que sorprendieron la temporada anterior; y por supuesto, nadie le iba a regalar ni una sola una vez alcanzada la máxima categoría. Sólo de ellos dependía que la afición comenzara a disfrutar de lo que tenía que ser una experiencia apasionante y se había convertido por momentos en un hueso que se atragantaba sin remedio. Había que volver a las raíces del éxito del año anterior, y eso, en una ciudad que no alcanza los 75.000 habitantes, no podía radicar más que en los pequeños detalles, algo sumamente difícil de encontrar en la inmensidad de una gran urbe. 

Turf Moor es un estadio típicamente inglés, con aberturas en las esquinas por las que se adivina el vecindario más inmediato y una altura que no evita que los despejes de los defensas terminen con el balón en el tejado. Ver cómo todo un estadio está pendiente de cómo se desliza lenta y juguetonamente un balón en lo alto del estadio, sin saber si va a volver a caer dentro o se perderá en la carretera, retrotrae al futbolista y al espectador al fútbol de la niñez, en el que no hay objetivos más allá de la diversión. Esa inocente escena se vivió en la fría y desangelada tarde de Burnley, con el Hull como convidado de piedra. 

La imagen dejada la semana anterior en el estadio del Arsenal fue la de un equipo derrotado desde el túnel de vestuarios. En Turf Moor quedó claro que aquello había quedado más que prohibido. Los clarets salieron con intención, con ganas de demostrar que tienen muchos más recursos para la subsistencia más allá de la inspiración de Heaton, su abnegado portero, y ahogaron al Hull, que pronto supo que aquella no iba a ser su tarde, que el protagonismo era para los modestos y valientes soñadores que vestían de granate y azul claro. 

La victoria cayó del lado local gracias a Ashley Barnes, inexpresivo delantero nacido en Bath pero internacional con las categorías inferiores de Austria gracias a una abuela materna. En su rostro no se dibujó ningún síntoma de felicidad tras haber batido a Harper, ni siquiera cuando fue sustituido para recibir la ovación de su estadio y los segundos del tiempo añadido acercaban la primera victoria de la temporada del Burnley, pero resulta imposible de creer que en su fuero interno no disfrutara con la amarga tarde del mundialista Abel Hernández, incapaz de superar a su compañero Michael Duff, ni con ese balón despejado que terminó en manos de un grupo de revoltosos chavales de Burnley que se negaban a entregárselo al rival para que sacara de banda. Fue una tarde demasiado fría en la que los jugadores del Burnley cumplieron al pie de la letra la misión encomendada por su entrenador. Desde que comenzó la temporada con una clara derrota ante el Chelsea, los clarets han evolucionado, han aprendido, han progresado y, por fin, han ganado. La lluvia y el viento posiblemente hicieron que más de un aficionado llegara a su casa destemplado y con un catarro asegurado para esta semana, pero las pastillas para curarlo supondrán un trago menos amargo al ver que el Burnley ya ha ganado un partido de liga y tiene la salvación más cerca que antes de empezar la jornada. El valle es un poco menos profundo ahora.