La cultura de la derrota (X): Recuerdos de grandeza

Adam Johnson, celebrando el 1-0 ante la afición del Stadium of Light | Fotografía: Sunderland AFC

Adam Johnson, celebrando el 1-0 ante la afición del Stadium of Light | Fotografía: Sunderland AFC

El derbi del Tyne es uno de los más pasionales en Europa, demostrando que en el norte de Inglaterra, además de frío e industria, hay sentimiento. Newcastle y Sunderland se enfrentaron en una situación de urgencia para ambos, con los magpies recién salidos del último puesto tras su goleada al Norwich y los black cats de vuelta en él a pesar de contar con un nuevo entrenador en nómina. El factor campo sería favorable para el Sunderland, con un Stadium of Light vibrante y abarrotado, como en todo derbi que se precie. 

La diferencia de calidad entre una plantilla y otra es palpable y favorece al Newcastle. Así se vio en la primera mitad, en la que los jugadores de Steve McClaren dominaban territorialmente y también generaban peligro de forma constante sobre la portería de Pantilimon, con Ayoze y Mitrovic como principales referencias ofensivas. A pesar de ello, siempre conviene recordar que los derbis se juegan más con el corazón y las vísceras que con la técnica acumulada en las botas. Son tiempos difíciles para ambos equipos y ello ha provocado que en sus plantillas haya muchos jugadores jóvenes de paso o buscando relanzar sus carreras, con poco vínculo con sus aficiones. Esto lleva a que los partidos de la máxima rivalidad se vivan más en las gradas que en el césped, salvo honrosas excepciones. Cattermole es una de esas honrosas excepciones.

Cuando comenzó la temporada, más de un sufridor del Sunderland lamentaba que verano tras verano se ilusionaba en vano, ya que en la plantilla que comenzaría la liga estaría siempre Cattermole. El centrocampista no es el jugador más dotado, pero rezuma fútbol por los cuatro costados, lo que le facilita disputar partidos de este tipo porque sabe lo que hace y lo que se necesita. En el bando rival estaba Coloccini, único jugador que parece no estar de paso o a su aire en St. James' Park con el paso de los años. Entre ellos dos iba a estar el devenir del encuentro. 

La primera parte la monopolizó el Newcastle, tanto por mérito propio como por incomparecencia del rival. El Sunderland no probaba los nervios de Elliot en la portería rival y en un único minuto tuvo que gastar dos sustituciones por las lesiones de Toivonen y O'Shea. Estaba todo encauzado para los magpies y era cuestión de tiempo que el balón entrara en la portería de Pantilimon, pero en el descuento todo se torció. Coloccini cargó duramente contra Fletcher cuando estaba a punto de firmar el primer disparo entre palos del Sunderland y la pena fue máxima y definitiva: penalti y expulsión del argentino, que no daba crédito. La jugada tiene aún más trascendencia cuando se comprueba que unos minutos antes era Cattermole el que dejó el brazo a la altura del rostro de Wijnaldum en el área contraria. La diferencia fue que el centrocampista black cat supo disimularlo y la jugada pasó inadvertida para el colegiado. Johnson tomó la responsabilidad y puso el 1-0 camino de vestuarios, no sin antes recorrer todo el campo enloquecido celebrando con su castigada afición. 

Cattermole no estaba por la labor de que la tarde descarrilara, y en el minuto 50 se empleó a fondo con Colback, el centrocampista encargado de la distribución del Newcastle. El pelirrojo no pudo recuperarse de la entrada de su veterano rival y tuvo que abandonar el terreno de juego. Si Steve McClaren se había visto obligado a prescindir de Tioté para meter a Lascelles y seguir jugando con dos centrales, la ausencia de Colback resultaba mortal para su equipo. En un lapso de cuatro minutos, Cattermole había hecho del centro del campo su coto privado, en el que él era la ley. Anita, el sustituto de Colback, no osó discutir su autoridad en los minutos que estuvo sobre el verde. 

Bobby Madley, árbitro del derbi, llegó a advertir a Cattermole de que se estaba empleando con una dureza al límite del reglamento ya en el minuto 57, cuando el aún bisoño Ayoze comprobó de primera mano el tipo de rival que tenía enfrente, con numerosos partidos de zapa y barro en su currículum. Anuladas las principales virtudes del Newcastle, el Sunderland se desmelenó del todo, primero con el gol de Jones y ya cerca del final con la puntilla de Fletcher. Por el camino, Johnson recordó por qué su zurda llegó a ser una de las sensaciones de la Premier League cuando defendía la camiseta del Manchester City hace ya algunos años, y sólo el travesaño le privó de añadir más felicidad al gol que firmó desde el punto de penalti. El Stadium of Light revivió una tarde de grandezas pasadas ante su eterno rival, un bonito oasis dentro de un año de sufrimiento permanente.

Newcastle y Sunderland seguirán penando jornada tras jornada buscando salir de la zona roja de la clasificación, unos presa de su irregularidad y falta de solidaridad y los otros víctimas de un declive continuado al que nunca se puso fin. Como mal menor, el farolillo rojo le corresponde a partir de ahora al Aston Villa. Comienza una larga y difícil era en Birmingham.

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