La cultura de la derrota (X): Incumplir las expectativas

Los jugadores del Burnley, abrumados en el Emirates (Fotografía: Twitter Burnley FC)

Los jugadores del Burnley, abrumados en el Emirates (Fotografía: Twitter Burnley FC)

Con un cuarto de temporada ya cumplido, los equipos van posicionándose en busca de sus objetivos en la Premier League. El Burnley comienza esta fase de asentamiento desde lo más bajo, algo esperado teniendo en cuenta el potencial de una modesta plantilla en el banco de tiburones que es la competición inglesa. Lo sorprendente fue que, al contrario que en anteriores ocasiones, en las que el hecho de ser el último clasificado ha sido una fuente de motivación más que un lastre (no sólo para el Burnley, también para Newcastle o QPR), esta vez los clarets defraudaron. Y defraudaron por completo, sin ningún atisbo de duda. Firmaron un partido deplorable en casa del Arsenal desde el primer minuto hasta el último. 

La trayectoria del Arsenal esta temporada ha estado caracterizada por la pérdida de puntos constante desde que comenzara a rodar el balón en el mes de agosto. Sacar un empate ante un equipo que no ha demostrado un especial olfato goleador y más de una debilidad defensiva podía estar en los planes de Sean Dyche y su humilde plantilla, pero esta vez apareció un Burnley vestido de negro, color que pareció apoderarse de un fútbol hasta ese momento guerrero y peleón. 

Entre toda la nube de mediocridad en la que se convirtió el colista de la Premier League tan sólo hubo un jugador que sobresalió: Tom Heaton. El guardameta claret tiene amplia experiencia en equipos modestos de Inglaterra, con el factor diferencial de que procede de la cantera del Manchester United. Ese remoto pasado como red devil se apoderó de él para firmar una actuación memorable ante unos gunners aún con el punto de mira desviado. En más de diez ocasiones tuvo que utilizar los guantes el portero visitante ante las acometidas de Alexis y Welbeck, lo que permitió que el partido llegara con un sorprendente 0-0 al ecuador de la segunda mitad. La sorpresa estaba fuera de toda posibilidad, ya que en el frente ofensivo no aparecieron ni Arfield, ni Ings, ni Sordell -que parece haber desbancado de la titularidad a Jutkiewicz-. Szczesny vivió, pues, una de sus tardes más tranquilas este año bajo los palos del Emirates. 

Al final, el gol del Arsenal llegó de forma natural. Tanta percusión sobre la meta rival tenía que dar sus frutos tarde o temprano, y fue una vez más Alexis el que inauguró el marcador para desesperación de Heaton, que veía cómo sus defensas no eran capaces de alcanzar siquiera una cuarta parte del nivel que él sí estaba mostrando. Los veinte últimos minutos fueron todo un suplicio para Sean Dyche, que veía como el Arsenal quería aumentar la herida para ganar más autoestima. Un rosario de saques de esquina y paradas milagrosas de Heaton no evitaron que Chambers -atención a la temporada del jovencísimo lateral derecho del Arsenal- y nuevamente Alexis pusieran un 3-0 en el marcador. Más allá de la rotundidad del marcador, innegable, está el hecho de que el Burnley por primera vez pareció un equipo desarbolado y sin ganas de ir a la lucha para evitar el descenso que gran parte de los analistas dan por seguro. Con tres cuartos de temporada por delante, las señales de los clarets son preocupantes, aunque por fortuna para Sean Dyche, el QPR aún está a una victoria de distancia. Nadie exige al Burnley una brillantez desmedida, pero nadie esperaba tampoco una actuación tan oscura como el color de su camiseta en el norte de Londres. Es hora de subir el listón antes de que el calendario se convierta en un enemigo veloz.