La cultura de la derrota (VI): ¿El fin de una era?

Alan Pardew no encontró la tecla ante el Stoke (Fotografía: Newcastle United)

Alan Pardew no encontró la tecla ante el Stoke (Fotografía: Newcastle United)

Alan Pardew sigue perdiendo apoyos en Newcastle a medida que pasan las jornadas. Con una plantilla que en teoría debería estar desahogada en la clasificación, el inicio de la temporada ha sido nefasto para los magpies, y todo lo que no había funcionado en los anteriores partidos volvió a quedar en evidencia el lunes en Stoke-on-Trent, una mala plaza para intentar levantar la cabeza. 

Empeñado en intentar sacar provecho a las caras nuevas, las que tenían que suponer un salto de calidad dentro de la plantilla, Pardew sigue desperdiciando los días del calendario mientras la afición sigue paseando por toda Inglaterra las pancartas individuales pidiendo su cese (el Sack Pardew también se dejó ver por el Britannia). Sólo en los segundos tiempos, cuando ya nada tiene arreglo, es cuando se vuelve a apostar por la vieja guardia, que, desganada, intenta sacar las castañas del fuego mientras en la foto de los onces titulares aparecen otros (la desaparición en combate de Cabella y Rivière da para un artículo aparte). 

Partiendo de la base de una salida del balón poco aseada por parte de los centrales, el Newcastle dio sensación de estar a disgusto en el estadio del Stoke (no les ocurre sólo a ellos, la gran mayoría de equipos Premier sufren en este estadio). De este modo, el primer intento de remate llegó a los 13 minutos, con un intento de Rivière, una de las pocas ocasiones en las que se pudo apreciar la figura del francés sobre el césped. De nada sirvió, porque en la jugada siguiente el Stoke sólo necesitó abrir la primera página de su libro de registros para encontrar el camino a la victoria. Centro de Moses y cabezazo de Crouch a las redes. Siendo la estampa más habitual, no es que los potters se limiten únicamente a la búsqueda de la cabeza de Crouch, pero en este caso con eso fue suficiente. Sí fue llamativo ver cómo se impuso sin apenas esfuerzo a un central tan curtido como Fabricio Coloccini. Si el central argentino entra en la desidia, el pronóstico es más que grave para el Newcastle. 

La imagen de los aficionados visitantes en las gradas tenían dos variantes: hincha con pancarta de Sack Pardew  (se ha creado una página web ad hoc) o hincha con los brazos cruzados lamentándose por haber recorrido los más de trescientos kilómetros que separan Newcastle-upon-Tyne de Stoke-on-Trent. La cara de Mike Ashley, propietario del club, estaba entre estos dos estados de ánimo mientras en el césped los jugadores soportaban la lluvia como buenamente podían, siempre sin ideas. 

Desde el minuto 15 al 90 apenas hubo acercamientos serios a la portería de Begovic, que vivió una noche apacible sólo alterada por un remate de Colback al larguero en la segunda mitad. Ningún jugador del Newcastle mostró un nivel digno de un equipo de zona media, excepto en algunos momentos los dos laterales. Janmaat de repente recordó que es un semifinalista del Mundial y comenzó a rendir como tal, y Dummett en la banda izquierda seguía luchando por no ser recordado como el hombre que lesionó a Luis Suárez y casi lo deja sin ir a Brasil. 

Lo negativo para el Newcastle no es sólo lo que ocurre sobre el césped, que al fin y al cabo de las dinámicas se termina saliendo con paciencia y sin volverse excesivamente loco. Alan Pardew ha perdido el norte y eso se nota en las ruedas de prensa, en las que ya se ha vetado a los medios de Newcastle, añadiendo así a los periodistas a la lista de enemigos junto a la afición, una estrategia poco inteligente. Los periódicos locales anuncian una reunión entre Mike Ashley y Pardew para esta semana, y su tiempo como entrenador magpie parece haber entrado ya en el tiempo de descuento. 

El flojo desempeño del Newcastle tuvo, no obstante, una inmerecida recompensa, ya que un día antes el Burnley había sufrido su primer gran colapso en la Premier League al caer derrotado por 4-0 ante el West Brom, rival directo. Este resultado, unido a su paupérrimo bagaje goleador -sólo un gol en seis partidos- hace que los clarets vuelvan a ser el colista justo cuando tienen que recibir al Leicester, otro recién ascendido que sí está haciendo los deberes y agradando en su retorno a la máxima categoría del fútbol inglés.