La cultura de la derrota (V): La garra de Jonás

Fabricio Coloccini y Tim Krul, con la camiseta de apoyo a Jonás (Fotografía: Newcastle United)

Fabricio Coloccini y Tim Krul, con la camiseta de apoyo a Jonás (Fotografía: Newcastle United)

Cuando todo parece ir mal y el bloqueo es generalizado, es necesario que un tercero asuma la responsabilidad y marque la pauta a seguir. En St. James' Park se dio esta circunstancia. El Newcastle sigue sin despegar de la zona baja y por segunda vez en solo cuatro jornadas comenzó el fin de semana como último clasificado de la Premier League. A la mala racha deportiva se unió el conocimiento de que el extremo argentino Jonás Gutiérrez sufría cáncer de testículos. El Galgo estaba fuera de los focos desde mediados de la temporada pasada, cuando su cesión al Norwich y sus lesiones lo apartaron de la actualidad hasta que la pasada semana hizo público su estado en una entrevista. En el vestuario del Newcastle sólo Fabricio Coloccini tenía constancia de su enfermedad, lo que hizo que la conmoción entre jugadores y aficionados fuera aún mayor. 

Con esos dos condicionantes de partida, el Hull visitaba St. James' Park con su flamante nuevo delantero en la alineación titular. Abel Hernández debutó por todo lo alto con un gol ante el West Ham, y las esperanzas de los tigers esta temporada pasan, en gran medida por él. El partido se podía calificar de cualquier modo excepto de cómodo. La afición magpie tomó las riendas, y en la primera parte, ante la ausencia de fútbol, fue ella la gran protagonista. Primero mostró su descontento a los cinco minutos con pancartas que rezaban Sack Pardew (Echad a Pardew). El entrenador está en el ojo del huracán, y la principal reclamación al propietario del club, Mike Ashley, es su cabeza. A Alan Pardew aún le quedan seis de los ocho años de contrato que firmó en septiembre de 2012, lo que no deja de ser paradójico en un mundillo en el que raro es el entrenador con más de dos años de contrato en vigencia. Difícilmente la paciencia de la grada llegue hasta 2020, menos aún si los resultados siguen sin enderezarse. 

Una vez hecha la reclamación de rigor contra el entrenador, en la lista aparecía un emotivo minuto de aplausos durante el minuto 18 en apoyo de Jonás. Se han cumplido seis temporadas completas desde que el argentino abandonó Mallorca por la fría Newcastle, y la afición no olvida a un jugador que, ante todo, dejó huella por su profesionalidad recorriendo sin descanso las bandas de todos los estadios de Inglaterra. El cariño es un derecho que en el fútbol se consigue a fuego lento, y Jonás caló en un club que ha visto cómo la plantilla se ha renovado de forma considerable en los últimos dos años, haciendo que resulte difícil para el aficionado encariñarse ante tanto nuevo fichaje. 

Sobre el terreno de juego, Rivière y compañía seguían sin inquietar la portería de McGregor, y el partido llegó entre bostezos al descanso para animarse completamente después. Quien esperara un signo de resurrección por parte de los magpies se sorprendió al ver cómo era el Hull el que golpeaba primero, y no una, sino en dos ocasiones. Jelavic y Diamé (el ex del Rayo lleva dos goles en dos partidos tras salir del West Ham el último día del mercado) pusieron el 0-2 en el marcador y las pancartas de Sack Pardew nuevamente salían de los bolsillos de los aficionados del Newcastle para que el mundo entero las viese al tiempo que la realización de televisión se centraba en primeros planos del propio Pardew y Mike Ashley, ambos con cara de póquer. 

Con la técnica presupuesta al arsenal ofensivo del Newcastle estaba claro que no se iba a llegar a nada productivo, quedando reducidas las opciones de remontada a algún movimiento acertado con las sustituciones. Entró Papiss Demba Cissé, y parece que lo hizo espoleado por el carácter del Galgo Jonás en sus mejores días. En menos de un cuarto de hora, y prácticamente aprovechando cada balón que pasó por sus pies, empató el partido con dos goles, ambos evidentemente dedicados al compañero ausente, un compañero al que muchos jugadores de la actual plantilla del Newcastle conocen simplemente de oídas. Por suerte, en un Newcastle a día de hoy sin identidad, aún hay alguien capaz de acordarse de Jonás y de recurrir a su casta cuando el horizonte se presenta negro. 

Finalmente, el Newcastle salvó un punto en casa, lo que no tiene nada especialmente positivo, más aún tras ver cómo sus rivales por el descenso consiguieron el mismo botín -Burnley- o uno incluso superior -Crystal Palace y West Brom-. Los magpies siguen anclados en lo más bajo con tres puntos fruto de tres empates, y la siguiente cita tendrá lugar en el siempre incómodo Britannia, un estadio en el que los artistas fracasan si no saben cambiar el fútbol de salón por el de supervivencia. Por suerte para Pardew, aún le quedan especialistas en partidos dificiles. Tioté, Sissoko o el propio Cissé tendrán que dar un paso al frente y esperar que Cabella o Rivière completen su adaptación a un escenario con más barro que purpurina.