La cultura de la derrota (V): Construir una identidad

Son Heung-min (Tottenham) y Jordi Gómez (Sunderland) [Fotografía: Sunderland AFC]

Son Heung-min (Tottenham) y Jordi Gómez (Sunderland) [Fotografía: Sunderland AFC]

Se cerró el mercado de fichajes durante el primer parón internacional de la temporada europea. Todos los equipos ya tienen perfiladas sus plantillas para afrontar la primera parte del curso y el Sunderland apuró hasta el último momento para confirmar las llegadas de Ola Toivonen y DeAndre Yedlin, además del retorno de Fabio Borini. Con la llegada del delantero italiano se espera recuperar los últimos días de gloria en el Stadium of Light, cuando fue Borini uno de los que se echó el equipo a la espalda para protagonizar uno de los mejores Great Escapes de los últimos tiempos. Son tiempos difíciles en Sunderland y a la afición no le queda otra que encajarlo cuando sus últimas alegrías llegaron al escapar de un descenso prácticamente asegurado. 

La pérdida de atractivo de los black cats se deja ver en las reacciones (involuntarias) de las nuevas incorporaciones. Yedlin, el estadounidense que fichó el año pasado el Tottenham, desconocía su futuro cuando se marchó a dormir el último día del mercado. Cuando a la mañana siguiente su agente le dijo que se iba al Sunderland cedido, resulta fácil de imaginar la sensación de improvisación ("Pues a Sunderland", debió de decirse el yankee). Ola Toivonen, por su parte, aterrizó reconociendo que siempre había soñado con jugar en la Premier League y lo mucho que lamentaba haber dejado pasar en su día el tren del Liverpool, una forma sibilina como cualquier otra de calificar al Sunderland como un segundo plato. Emanuele Giaccherini hizo las maletas rumbo al Bolonia encantado de fichar por "un club serio con una rica y sólida historia", en el que "la gente pueda volver a hablar de mí"; mientras Moussa Sow, sencillamente, no encontró un motivo para cambiar la comodidad del Al Ahli emiratí por el noreste de Inglaterra. 

Así está la situación a orillas del Wear, y para recibir al Tottenham Dick Advocaat apostó por lo mejor que tenía a su disposición, con la casualidad de que ninguno de los jugadores sobre el césped podía ser asociado mentalmente con el Sunderland. De Pantilimon se recuerda su eterna suplencia en el Manchester City, Kaboul dejó huella en el Tottenham, Gómez en el Wigan, y así sucesivamente hasta completar el once titular. Quien no falla, eso sí, es la afición, una de las más pasionales de la Premier League. 

Lo sorprendente es que ni la falta de química entre los jugadores ni la complicada situación clasificatoria nada más empezar la temporada se notaron frente a un Tottenham con una plantilla muy superior pero aún aletargada tras el verano. El Sunderland dominó tres cuartas partes del partido y sólo su conciencia de ser un equipo tremendamente limitado le impidió adelantarse en el marcador y llevarse la primera victoria del año. Lens y Defoe cada vez aportan más en ataque, y la defensa, criticada por veterana en su eje -O'Shea y Kaboul- hace valer sus años de experiencia. 

A Dick Advocaat le entró el conservadurismo en el cuerpo en la recta final y por querer asegurar el empate y fijar bien las marcas ofensivas se le escapó Ryan Mason entre líneas para poner el 0-1 en el marcador sin tiempo para reaccionar. Por el camino quedaron dos balones escupidos por la madera y una nueva desilusión para la afición, que al menos vio cómo al Newcastle le endosaron un gol más que a ellos y salen del 20.º puesto de la clasificación. La plantilla del Sunderland, aunque falta de automatismos, tiene buenos mimbres; y la permanencia por la que pocos analistas se decantan puede llegar más por experiencia que por fútbol. Eso sí, que nadie pida que los jugadores se besen el escudo, éste es un Sunderland de transición. 

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