La cultura de la derrota (IX): Potenciar la fortaleza

Robert Green, uno de los héroes de la victoria (Fotografía: Twitter QPR)

Robert Green, uno de los héroes de la victoria (Fotografía: Twitter QPR)

Que el QPR tiene una plantilla con la que no debería de sufrir en exceso para asegurar la permanencia en la Premier League no es ningún secreto, al menos si se compara a otras plantillas que en teoría tienen que luchar por evitar el descenso. Lo que sí es un secreto es la razón por la que un jugador tan volcánico como Adel Taarabt sigue perteneciendo a esa plantilla. Después de haber cuajado una interesante segunda vuelta nada menos que en el Milan, el marroquí regresó a la disciplina de los R's, en la que volvió a encontrarse con Harry Redknapp. El escaso amor por el trabajo de Taarabt unida a la mala consideración que tiene el técnico de los jugadores talentosos que no dan el máximo lleva inevitablemente al ostracismo del jugador, y en los medios ingleses ha sido noticia en las últimas semanas una dura acusación de Redknapp a Taarabt relativa a su peso, muy por encima de lo que se supone un profesional. 

El jugador protestó también con los medios como altavoz y aseguró que su sobrepeso no es tal. Entre el fuego cruzado parece claro y justo decir que a Taarabt no le apasionan excesivamente los entrenamientos entre semana en Londres, y Redknapp lo mantiene apartado o con el equipo sub-21, procurando que no distraiga mucho a una plantilla que vuelve a verse empantanada en el furgón de cola.

Con la clandestinidad propia de los partidos a disputarse los lunes, los londinenses recibieron al Aston Villa, que lleva más de 500 minutos sin marcar un gol en la competición, una ocasión propicia para recuperar sensaciones y conseguir ese punto extra anímico para no dejarse llevar por la corriente clasificatoria. Para ello, era obligatorio que la portería estuviera afinada, que los centrales dejasen de ser una amenaza -aunque era prácticamente imposible que se repitiera el lamentable espectáculo de la semana anterior- y que en ataque las estrellas brillasen de una vez, justificando su caché, bastante más generoso que el de otros rivales directos. 

Ante un rival tan bloqueado en sí mismo como los villains, el QPR tuvo una noche más plácida de lo esperado, aprovechando momentos puntuales de lucidez para, con un gol en cada mitad, dejar a Paul Lambert a los pies de los caballos. El principal protagonista fue Charlie Austin. El delantero consiguió un doblete con el que se reivindica como un delantero a tener en cuenta en la Premier League, y lo hizo gracia a un juego directo, simplificado, que a la larga significó la clave para sumar tres nuevos puntos y dejar la vergüenza de ser el farolillo rojo al Burnley. 

Junto a Austin también brillaron de forma decisiva Dunne -su balón en largo fue el origen del primer gol-, Zamora -asistente- y Vargas -facilitador del segundo gol al contraataque. El central irlandés consiguió olvidarse del lastre psicológico que supone ser el jugador con más goles en propia puerta de la historia de la Premier League y se mostró seguro a la hora de despejar los balones que llegaban al área de Green. El chileno, por su parte, estuvo muy limitado en la banda derecha -es más venenoso en el frente de ataque-, pero formó una pareja muy interesante junto a su compatriota Isla en este flanco, en el que Cissokho y Agbonlahor pasaron noventa minutos sin pena ni gloria. 

Hubo un protagonista más que consiguió ser vital para salvar los tres puntos. Robert Green, uno de esos porteros ingleses que tienen que cargar con el estigma de ser precisamente eso, ingleses, protagonizó un partido más que serio, en el que negó el gol hasta en seis ocasiones al equipo de Birmingham. Benteke no fue nunca una amenaza seria, Cleverley aún dista mucho de ser el jugador que un día mostró y la presencia de última hora de Joe Cole y Darren Bent se quedaron en meras balas de fogueo. 

El QPR parece haberse centrado antes de que llegue la décima jornada, aprovechando sus recursos y sabiendo sacar puntos cuando tiene que sacarlos, con la seriedad que se presupone a un equipo que tiene en el banquillo a uno de los entrenadores más reputados de las islas Británicas. Ahora será el turno de Burnley, el favorito de todos para ser el primero en despeñarse, el que tendrá que responder. Viendo la rapidez con la que se pasan la patata caliente del vigésimo puesto, los R's no pueden relajarse por mucho que la plantilla claret sea evidentemente inferior a la suya.