La cultura de la derrota (IX): El falso todocampista

Georginio Wijnaldum (Newcastle) | Fotografía: Newcastle United

Georginio Wijnaldum (Newcastle) | Fotografía: Newcastle United

La semana lo tenía todo para que el Newcastle acentuara su mal momento en la clasificación con una depresión de caballo. El Mundial de rugby que se está disputando en Inglaterra tiene como una de sus sedes St. James' Park, con el maltrato que conlleva para el césped la presencia de treinta bestias buscando ensayos y tratando de avanzar en multitudinarias melés. A eso hay que sumarle la grave lesión de rodilla de Tim Krul, uno de los pocos jugadores de cuyo compromiso y calidad no se podía dudar en la actual plantilla magpie. La visita de un Norwich sin complejos era lo de menos en las preocupaciones de Steve McClaren

Al llegar la hora del partido se vio que las preocupaciones por el estado del césped quizá fueran excesivas. Raro es el estadio de la Premier League que, en pleno 2015, no presenta un verde cautivador, incluso cuando llega el invierno. La presencia del portero suplente, Rob Elliot, entre los palos, sí hacía rascarse la cabeza a más de un aficionado, quizá ilusionado con la posibilidad de que Víctor Valdés, defenestrado en el Manchester United, acepte convertirse en uno de los suyos. Esta posibilidad fue tajantemente despejada por el cuerpo técnico, y con lo puesto comenzó a competir como último clasificado. 

En la alineación aparecía Georginio Wijnaldum en la posición de extremo izquierdo. El holandés, una de las incorporaciones de esta temporada, lleva el dorsal cinco a la espalda pero no ejerce como centrocampista defensivo, y partió desde el flanco zurdo pero apenas tuvo protagonismo desde esa zona del campo. Con Ayoze y Mitrovic en punta de ataque, los centrales del Norwich tenían entretenimiento suficiente, lo que aprovechó el falso cinco para ejercer de falso nueve y aprovechar las alocadas transiciones defensa-ataque que Moussa Sissoko. Cuando cayó el primer gol del Newcastle, quien más lo celebró no fue Wijnaldum, su autor, sino Elliot, que así, pensaba él, ganaría en tranquilidad. El meta suplente de Krul estaba muy equivocado. 

El Norwich, en su retorno a la Premier League, juega sin miedos, propiciando partidos sin pausa. Así, magpies y canaries se enzarzaron en un intenso juego en el que todos los disparos a puerta iban dentro, lo que al descanso dejó un 3-2 que se quedó corto tras un disparo de Brady que fue rechazado por la madera. Ni Elliot ni Ruddy llegaron a detener un sólo chut de los delanteros. El rostro de Steve McClaren no reflejaba satisfacción por el alto porcentaje de acierto ante la meta rival, sino por lo endeble que resultaba su defensa. Así, el duelo entre una zaga parecida a un flan y otra que era pura gelatina llegó decantada a favor del Newcastle al descanso. 

Wijnaldum siguió llevando la confusión al banquillo del Norwich, en el que el semblante de Alex Neil, rara vez sonriente, se agriaba cada vez más con el paso de los minutos. Completó su doblete de la primera mitad con otros dos goles en la segunda, partiendo de esa teórica situación de extremo, e incluso se llegó a permitir el lujo de salvar el tercero del Norwich sobre la línea, ejerciendo también de falso portero para contribuir a quitarle los nervios a Elliot.

Con el pitido final del árbitro, el marcador en Newcastle reflejaba un 6-2 tan rotundo como engañoso. Lo normal en el futuro no será que los magpies disparen seis veces a puerta y las seis terminen besando las redes, lo normal no será que Wijnaldum campe tan a sus anchas, y lo normal será que tanto a Mitrovic, aficionado a la gresca y al desafío verbal, y a Ayoze se les pongan enfrente centrales con mucho mayor nivel que la dupla Martin-Bassong. Steve McClaren ve a su equipo salir del vigésimo puesto, pero sabe que su realidad inmediata no va a estar precisamente lejos de la zona caliente de la clasificación. 

Sígueme en Twitter (@Agustin_Galan),  Facebook y Google+

La cultura de la derrota (I): La lista de lo prohibido
La cultura de la derrota (II): Alegría con austeridad
La cultura de la derrota (III): Cuando nadie te ve
La cultura de la derrota (IV): Britannia, territorio Pulis
La cultura de la derrota (V): Construir una identidad
La cultura de la derrota (VI): Un accidente de coche
La cultura de la derrota (VII): La sustitución pendiente
La cultura de la derrota (VIII): Adiós, Dick