La cultura de la derrota (IV): Britannia, territorio Pulis

Salomón Rondón celebra el gol de la victoria (Fotografía: West Bromwich Albion FC)

Salomón Rondón celebra el gol de la victoria (Fotografía: West Bromwich Albion FC)

Stoke es hoy lo que es gracias a Tony Pulis. Con el entrenador galés llegó la estabilidad en la Premier League y tras su marcha quedó una base fabulosa sobre la que Mark Hughes intenta imprimir su propio sello esta temporada. Un calendario atravesado hizo que el retorno de Pulis a la que fue su casa durante varios años llegara con su actual equipo, el West Brom, en lo más bajo de la clasificación. Jugar a las primeras de cambio frente a Manchester City y Chelsea, y además con el hándicap de que la estrella de la institución -Berahino- está con la mente puesta en un traspaso de última hora no es plato de buen gusto para nadie, ni siquiera para el especialista en permanencias. 

A pesar de tenerlo todo en contra, el entrenador visitante no se arredró. Dejó a un lado los sentimentalismos y las florituras y afrontó el partido como lo que era, una urgencia antes de tiempo a subsanar cuanto antes. Dado que el Stoke intenta desarrollar hoy día un fútbol más avanzado que en temporadas anteriores, al West Brom no le costó asumir un reparto de papeles que le resultaba ventajoso: los potters serían el equipo grande y los baggies el modesto. Mark Hughes no sabía que en realidad eso escondía una trampa. 

Frente a su pasado más reciente, el Stoke colapsó a las primeras de cambio. En Afellay apareció una desconocida vena callejera que terminó con él en los vestuarios después de abofetear a un rival, el segundo con el que se encaraba en menos de media hora. Poco después era Adam el que veía la roja después de que el linier malinterpretara lo que no fue más que un choque aparatoso dentro de la deportividad. En treinta minutos, el Stoke jugaba con dos menos en su propia casa, y las posesiones largas buscando un remate final de Diouf pasaron a mejor vida. El West Brom ya tenía la sartén por el mango sin despeinarse. 

Obligado por las circunstancias, Tony Pulis tuvo que dar un paso al frente y transformar su conservador 4-5-1 en un dibujo más ofensivo, retirando al fajador Yacob por Lambert, una nueva referencia en ataque para acompañar a un Rondón que se había preparado para un partido de correr mucho y oler poco balón. Por suerte para el venezolano, la iniciativa cambió de bando y comenzó a tener protagonismo, consiguiendo adelantar al colista a escasos segundos del descanso. Fueron demasiados golpes psicológicos los que recibió el Stoke en poco tiempo, lastres que pesaban en las botas de los nueve jugadores que le quedaban sobre el verde. 

De no haberse jugado la segunda mitad, no hubiera pasado nada, incluso algún aficionado local lo hubiera agradecido viendo lo mala que se puso la tarde en lo que a fútbol respectaba. Tony Pulis salió del Britannia con los tres puntos, algo que era habitual cuando lucía el chándal del Stoke, y demostró a Mark Hughes que en cuestión de manejarse en una tormenta él tiene bastantes más tablas para salir airoso. El West Brom, por segunda vez consecutiva, abandonó el vigésimo puesto tan pronto como lo ocupó, y lo que es mejor, nadie se acordó de que la estrella ya no tiene la mente puesta en el equipo. Con la llegada de Rondón y la gorra de Pulis asomando por el banquillo, quizá nadie vaya a echar de menos a Berahino si finalmente hace las maletas. 

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