La cultura de la derrota (III): Una rebeldía despierta

Loftus Road por fin celebró un gol esta temporada. Fotografía: Queens Park Rangers

Loftus Road por fin celebró un gol esta temporada. Fotografía: Queens Park Rangers

Fueron vapuleados por un rival de su misma ciudad hundiéndolos en el fondo de la clasificación. Vieron cómo la rodilla de uno de sus jugadores más comprometidos y con mayores condiciones para el fútbol -Alejandro Faurlín- cedía por tercera temporada consecutiva, condenándolo a pasar otro año en blanco por culpa de unos ligamentos con ansias de tortura. Un equipo tres categorías inferior -el Burton- los apeó de la Capital One Cup a las primeras de cambio, sin apenas réplica posible y dejando sus vergüenzas al aire. Escucharon las primeras voces alarmistas que les recordaban que hace dos años no ganaron su primer partido en la Premier League hasta la jornada 17, demasiado tarde para poder levantar cabeza. La semana en el entorno del QPR fue de todo menos positiva, y en el horizonte se presentaba el Sunderland de Gus Poyet, un equipo que, a fuerza de remar a contracorriente, se especializó en competir en la recta final de la pasada temporada para salvar el expediente. Para colmo, el permiso de trabajo de Edu Vargas, uno de los fichajes estrella de la temporada, no llegó a tiempo para el partido. Parecía que los hados se habían aliado para destruir cualquier atisbo de moral en los aficionados hoops.

Ante tal panorama, Harry Redknapp optó por simplificar. Volver a los orígenes, a lo más básico, suele ser una buena tabla de salvación cuando todo va mal, y el aroma a fútbol clásico apareció nuevamente en Loftus Road. El moderno 3-5-2 que tan en boga está en los últimos años y cuyo boom tuvo lugar en el Mundial quedó aparcado para una mejor ocasión -o para un momento en el que los jugadores hayan conseguido hacer suyos los conceptos para dominarlos-. El 4-4-2 (con un mediapunta y un delantero centro) suele ser menos estresante para los defensas, que se ven con un efectivo más, y si a eso se le suma el ascendiente moral que tiene el capitán Clint Hill, ausente en los dos primeros partidos, la sensación de inseguridad queda bastante reducida. 

No es que el QPR tenga una mala plantilla, ni mucho menos, pero no había conseguido explotar todo su potencial en el inicio de temporada. Frente al Sunderland comenzó a verse verdaderamente cómo será el equipo. Con sufrimiento, como era de esperar, Harry Redknapp consiguió que sus jugadores tocaran las teclas convenientes para despertarlos, espolear su rebeldía ausente y sacar adelante un partido que podría hundir aún más al equipo, en términos clasificatorios -muchos ya están empezando a arañar puntos que en primavera les serán útiles- y psicológicos.

Defensivamente, Caulker sigue dando cada vez más señales del gran central que puede llegar a ser, y Ferdinand se sintió más resguardado a pesar de que Isla seguía subiendo al ataque frecuentemente. En el centro del campo, Barton y Mutch ordenaron y repartieron el juego con el criterio esperado, y Hoilett aprovechó su primera aparición como titular para reafirmarse como el extremo más incisivo de la plantilla. En ataque, Fer pedía protagonismo en la mediapunta y Austin se fajaba con los centrales rivales, como mandan los cánones de un delantero centro en Inglaterra. Todo muy básico, todo menos complicado. 

Para salir de un pozo no se necesita únicamente tener las ideas claras, sino también un punto extra de inspiración para no caer presa del desánimo cuando vienen mal dadas. Austin consiguió un gol al borde del descanso que sorprendió a un Sunderland cómodo con el escenario del 0-0; y cuando en la segunda mitad llegó el esperado arreón final de los black cats, apareció la figura que salvaría los muebles. Robert Green, portero que destaca más cuando falla que cuando tiene el día bueno. El sábado pasado tuvo uno de esos días buenos que apenas tienen hueco en periódicos y resúmenes, pero lo que importa es que lo tuvo. Frustró toda ocasión de gol visitante y el marcador indicó el minuto 90 con un resultado positivo por fin para el QPR. Ya era hora, pensaría el propietario Tony Fernandes, que tras la primera alegría de la temporada espera que lleguen muchas más próximamente, a ser posible con Vargas -la anhelada nueva estrella- y el oficio de Sandro y Niko Kranjcar

Con la escapatoria del farolillo rojo del QPR, el deshonor en el parón internacional le ha llegado al que muchos esperan que sea su morador habitual. El Burnley sólo ha conseguido un punto en tres jornadas y su temporada se presume muy larga y agónica. Cuando las selecciones vuelvan a dejar paso a los clubes, a los clarets les espera el Crystal Palace, en la misma situación que ellos, pero con una mejor eficacia ante la portería rival. Como diría el tópico, un duelo por todo lo bajo, un partido que servirá para ver a quién le pesa menos la convivencia con la derrota.