La cultura de la derrota (I): La lista de lo prohibido

El Norwich confía en Redmond (Fotografía: Norwich City)

El Norwich confía en Redmond (Fotografía: Norwich City)

Comienza una nueva temporada de la Premier League, esta vez más pronto que en otras ocasiones, con el aroma a verano aún presente en la mayoría de estadios y los rescoldos de los torneos de pretemporada aún crepitando. Los meses de julio y agosto son ideales para el aficionado al fútbol, pues todos están ilusionados esperando que el balón vuelva a rodar y la lista de nuevas incorporaciones hacen soñar con un curso sin sobresaltos en el que el objetivo se consiga sin agonías. Uno de los que quiere aferrarse a esa ilusión es el Norwich, el último equipo en confirmar su presencia en la Premier League 2015/16 tras un playoff de ascenso frente al Middlesbrough. 

El verano en torno al Norwich ha versado sobre la ruta a seguir para dejar de ser considerado el yoyó oficial de la Premier League, siempre a caballo entre la máxima categoría y la Championship, y conseguir algo de estabilidad. Más que lo que se debe hacer, los análisis han girado en torno a lo que no se debe hacer, y la lista es más que extensa. No fichar por fichar, no apostar por estrellas que puedan desequilibrar el vestuario (el QPR siempre en la mente de todos), no ser testaduro en torno a una idea futbolística si los resultados no se dan y las semanas pasan, y así un largo etcétera de consejos que seguro que a Alex Neil, el entrenador de los canaries le aburren soberanamente. 

Neil entra en la categoría de entrenador revelación, y hay muchas miradas puestas sobre él en su primer año en la Premier League. Después de situar al modesto Hamilton en el mapa futbolístico escocés y de devolver al Norwich a la primera categoría, tiene que demostrar que su profundo afán de estudio de los rivales sigue surtiendo efectos ante transatlánticos que mueven verdaderas moles de dinero en torno a ellos. Para empezar no le tocó uno de los peces más grandes, el Crystal Palace, pero le sirvió para tomar contacto con lo que le espera en los próximos años. 

Encontrar estrellas en el Norwich es una tarea titánica, llena de proletarios del fútbol que difícilmente protagonizarán campañas de publicidad mediáticas. Tan sólo el inglés Nathan Redmond parece salirse de este molde de modestidad que impera en Carrow Road. Internacional con las inferiores de Inglaterra, se mantuvo en el club después del descenso y consiguió devolverlo a lo más alto, un gesto de lealtad que no es precisamente frecuente. Alex Neil prefirió no forzar mucho la máquina y lo mantuvo en el banquillo de inicio, esperando a la segunda mitad para darle entrada. 

Lo negativo para el Norwich es que cuando entró el bueno de Redmond ya iba 0-2 abajo en el marcador. Cuando Alan Pardew está cómodo es capaz de sacar mucho jugo de sus equipos, y la balsa de aceite que es hoy el Crystal Palace le permite incluso contar con altas de postín como la de Yohan Cabaye. El Norwich, aunque esforzado, cayó en la trampa de juego enredado del Palace y se vio condenado a remar contracorriente. Salió Redmond y un obús desde la zona de tres cuartos sorprendió a McCarthy. Se pudo dar la vuelta con un gol anulado a Jerome por ser más temerario de la cuenta en la chilena a escasos metros de la portería y de la cabeza de un defensa rival, pero en el descanso los eagles apuntillaron al recién ascendido poniendo un aparatoso 1-3 que refleja poco el espíritu de lucha que va a imperar en los partidos de casa de los canaries.

El Norwich tuvo el escaso consuelo de no ser el más vapuleado de la primera jornada, demérito que recayó en el West Brom de Tony Pulis, castigado por un Manchester City que intentará recuperar el trono hoy en manos del Chelsea. Los baggies lucen vigésimos en la primera clasificación del año, pero no parece que vayan a ser inquilinos habituales de este puesto, menos aún con Tony Pulis en el banquillo y el consumado goleador Salomón Rondón adaptándose ya a la ciudad y a sus nuevos compañeros.